martes, 12 de enero de 2016

"EL VALOR DE LAS INSTITUCIONES PARA EL DESARROLLO"

EL CRONISTA

El verano que se suponía caliente en materia económica, comenzó por tomar temperatura en frentes insospechados hace tan solo un par de semanas. La situación en la provincia de Buenos Aires en relación al papelón de la fuga y captura de los hermanos Lanatta y Schillaci pareció bajar los decibeles del hecho que implicó dejar sin presupuesto a la gobernadora Vidal, a menos de un menos de un mes de asumir. La vorágine con la que se suceden hechos de alto impacto son una muestra del camino de espinas que le espera al gobierno en los próximos tiempos.


El paradigma sobre el que leerá la realidad y la forma en que se procesarán los conflictos desde el punto de vista de las nuevas cúpulas del poder en argentina será crucial para lo que vienen. Hasta aquí, la lógica amigo-enemigo fue el paradigma imperante sobre el cual nuestro país transitó los últimos 12 años. Donde dicha retórica se encargó de sostener el sentido de pertenencia a un proyecto político concreto.


La nueva administración, en el discurso inaugural, planteó la verdad como un eje central, como un elemento fundante, un pilar conceptual del tiempo que viene. Dicho esto, cabe pensar que si la verdad es un nuevo valor en la gestión deben estar dispuestos a pagar el costo político de decirla en todo momento.


Para lograr retomar el sendero del crecimiento, en un contexto de deterioro de precios relativos como el actual, Argentina requiere un salto cualitativo en su estructura productiva y eso se logra sobre la base del esfuerzo, que es el padre del éxito. Alguien debe decir entonces, de forma clara, cuál es la magnitud del ajuste necesario y cómo se va a repartir el esfuerzo del mismo.


El otro criterio determinante para conseguir un desarrollo sostenido tiene que ver con las reglas de juego, el valor de las instituciones. Esas que son mas bien mencionadas antes que respetadas. Como funcionamiento institucional me refiero a la construcción de consensos de largo plazo antes que aplicar mayorías circunstanciales sin considerar los aportes de las demás voces.


El rol de los DNU no es una buena señal en este sentido. Vale recordar que la norma, redactada en la gestión anterior, es polémica ya que para sacar una norma se requiere que las 2 cámaras aprueben el proyecto de ley mientras que para aprobar un DNU alcanza con que una cámara no lo rechace, ni siquiera que lo apruebe, es decir con no juntar una mayoría que expresamente rechace ya es suficiente. Ese es el republicanismo de los que redactaron la norma. Por eso resulta hilarante el lugar desde donde se ejerce cierta critica, de donde se ven ejemplos como el DNU 2585 por el cual Cristina amplió el presupuesto en $ 133.272 millones, es decir los recursos de todos, disponibles a sola firma.


Obviamente esta particularidad no limita el alcance conceptual de la critica que es totalmente válida ya que gobernar por decreto no es coherente con la promoción de valores institucionales impulsada desde el discurso de campaña del actual gobierno.


Las reglas de juego claras no tienen que tener en si mismas un sesgo a favor uno u otro sector sino que su fortaleza radica en la permanencia en el tiempo que solo debería ser alterada por el cambio en el contexto antes que por nuevas mayorías de carácter transitorio.


La decisión de inversión entendida como un proceso constante en función del resultado de la toma de decisión de los accionistas, y no como producto de las ‘ventajas’ que circunstancialmente puede ofrecer el gobierno, responde a una combinación de factores diversos, entre los cuales podemos enumerar: 1) Coyuntura mundial, regional y local, es decir la suerte; 2) Instituciones; 3) Costo del capital; 4) Retorno de la inversión; 5) Posicionamiento estratégico; 6) Infraestructura del país y capital social (por ejemplo, estado del sistema de transporte terrestre y las vías navegables como la cantidad de ingenieros o la capacitación prometido de los recursos humanos).


No habrá chance de aumentar nuestra dotación real de capital, de forma que podemos generar un cambio concreto tendiente a modificar nuestra relación de producción para volvernos un país mas productivo y eficiente en nuevas áreas al tiempo que menos vulnerables a la variación del precio de las commodities si no logramos modificar los puntos antes descritos en forma sustancial.


La probabilidad de tomar el riesgo que implica hundir capital tiene, sin embargo un factor central que gravita por encima del resto: el costo del capital. Bajar la tasa de interés es la condición necesaria para dar paso a quien debería ser el ministro estrella de la gestión: Francisco Cabrera (foto), ya que un país con el norte puesto en el desarrollo debería tener en su ministro de producción a una de sus principales figuras, el día que hablemos mas de desarrollo que de inflación podremos empezar a sentir que dejamos de mirar para atrás y comenzamos a depositar nuestra vista en el futuro que comenzará el mismo día que lo imaginamos mejor que el presente.

jueves, 31 de diciembre de 2015

"EL CONTRASTE DE LAS PERCEPCIONES Y LOS HECHOS"

EL CRONISTA -

Conforme se escurren los últimos días de un agitado 2015, en materia económica la neo oposición arremete con criticas sobre la marcha de los números con una batería de argumentos que resulta al menos hasta aquí, inconsistente con una critica sólida en términos conceptuales, pero efectiva a la hora de vender slogan y frases con gancho para las redes sociales.


Así el conjunto de argumentos que se esgrimen respecto de la evolución de los precios con independencia de lo sucedido en materia de política monetaria y fiscal en los últimos años, es tan sorprendente como la capacidad de aceptarlos por parte de quienes los toman como propios y los remarcan con la vehemencia de una creencia que a esta altura parece mas bien alejada de la evidencia que brindan los datos.


Sin dudas, aún faltan una gran cantidad de señales que nos permitan comprender cual será el sesgo que tendrá el actual gobierno en términos de su manera de comprender el proceso de redistribución de la riqueza, así como el rol del estado. La critica entonces tiene mucho mas de percepción y de manipulación que de datos concretos.

Resultan hilarantes ciertos comentarios sobre los precios por parte de quienes colocaron a la argentina al tope del ranking mundial de inflación por más de un lustro. Del mismo modo que contradictorio sobre los efectos de la devaluación, cuando en enero de 2014 se argumentaba que no tenia que pasar a los precios y hoy se dice lo contrario.

Cierto es que sin plan anti inflacionario el ajuste de tipo de cambio tiene alta probabilidad de ir a precios, pero para eso es necesario conocer cuáles serán los lineamientos de una política monetaria y fiscal que solo puede tener lugar si previamente se genera un marco de condiciones mínimas pero necesarias para poder operar sobre esos frentes.


Conocer la magnitud del déficit fiscal, es uno de esos pasos así como entender el destino de los fondos millonarios que subsidiaban la oferta y no la demanda (salvo el caso del gas en garrafa) en materia de servicios públicos, permitirá saber cual es la magnitud del ajuste sobre tarifas a la clase media alta necesario para poder sostener el cuadro tarifario para aquellos que lo realmente lo necesitan.


La defensa de la gestión pasada, que realizó Kicillof en la nutrida convocatoria de Parque Centenario, tuvo aspectos que como mínimo son inconsistentes con su formación académica de nota y sólo se entienden en el marco de un discurso político, en el cuál terminó justificando indirectamente la provisión de dólares baratos para la clase media alta a costa de los dólares para importar insumos necesarios para producir y generar empleo. En la misma tribuna, se realizaron valoraciones sobre medidas tomadas en el contexto de una crisis internacional que parece justificar aquello que resulta difícil de explicar.


La tan mentada crisis internacional como causante de la caída del volumen de nuestro comercio exterior, y unos de las excusas que justificaron el déficit (que termino haciendo mas liviana la carga sobre los mas pudientes) es una farsa que se cae con una lectura razonable de la información disponible.


Ese mundo que relatan en crisis solo se puede sostener en la tribuna pero no en los papeles. Mas allá del relato lo cierto es que en el segundo mandato de Cristina, el crecimiento acumulado de la economía fue 4,6%, cuando Uruguay, Perú, Colombia y Chiles crecieron entre 15% y 17%, Estados Unidos 9%, China 33%, Sudáfrica 7,6%, India 32,3%. Solo crecieron menos que nosotros, Brasil y la Unión Europea poco menos del 2%. Recordemos que entre 2008-2011 Argentina creció 28,4%, la crisis fue real y la UE sólo 0,6% y Estados Unidos 1,3%.


En materia de inflación para el período 2012-2015 sucede algo similar, mientras aquí tuvimos 191,6% en términos acumulado , los países que mas se nos acercaron fueron Rusia con 43,4%, Uruguay con 37,7%, Brasil con 30,4%, India 29,3% , Sudáfrica con 24,3%. Luego Chile, Perú y Colombia tuvieron menos de 14%, la UE (no sólo zona euro) con 9,1% , China con 8,6% y Estados Unidos con 4,6%.


La convalidación del aumento de precios que se da hoy en argentina no es otra cosa que el resultado de una pésima política monetaria por parte de Vanoli, en un país cuya población en la actualidad (lo que no ocurría en de 2003 a 2008) tiende a desprenderse de su propia moneda. No es la (inexistente) crisis internacional, ni el sinceramiento del dólar. Lo que vemos hoy es simplemente el rezago que tiene dicha emisión junto con comportamientos en la formación de precios que, vale decir, deben ser revisados por parte del estado, terminan por dar margen para los aumentos de precios que vemos por estos días, en un contexto donde la inflación no es una novedad sino una vieja costumbre.


Seria un desafío apasionante que la crítica se sustancie en datos y no relatos ya que en ese caso podríamos empezar a asistir a la discusión de ideas, en lugar a una lucha por ver quien es mas fanático o quien grita mas fuerte.

sábado, 12 de diciembre de 2015

"Cuando el fondo es lo que cuenta y la forma un decorado"

EL CRONISTA -12/12/2015

Han pasado solo dos días hábiles luego de la toma de posesión por parte del Presidente y hasta aquí se ha visto una gestión activa en términos de política así como de anuncios en materia económica.

La lista de decisiones concretas resulta mucho más extensa de lo que parece: ya se han anunciado la desactivación de las DJAI, la baja de las retenciones en diversos frentes, la apertura de la discusión hacia una nueva coparticipación, la necesidad de modificar el cuadro tarifario en materia energética, las negociaciones orientadas a conseguir financiamiento internacional para salir del cepo de forma no traumática, él no pago de ganancias sobre aguinaldos inferiores a $ 30 mil hasta la discusión sobre la validez de los contratos a futuro que regaló Vanoli por mencionar algunos de los puntos abordados.

La construcción de sentido que intenta implementar el presidente, lo muestra cómo un hombre que juega en equipo y acepta que sus ideas pueden ser mejoradas o aún reemplazadas por otras que resulten más efectivas frente a problemas que mutan e implican que lo mismo deben suceder con las soluciones que se aplican para resolverlos.

Con independencia del escaso tiempo y la abundancia de anuncios, aún restan resolver, al menos en términos generales pero determinantes a la hora de dar señales, cuestiones como el nivel del tipo de cambio con el cual se sentirá confortable el gobierno para el próximo trimestre, cuál será la tasa de interés de referencia y si habrá programa con metas de inflación o cuál será el formato elegido para combatir la inflación al tiempo que se resuelve el problema de los precios relativos tanto en términos domésticos como en relación a los bienes transables.

En ese sentido también resta por ver cuál será el paradigma que el presidente utilice para repartir los costos particulares que implica bajar la inflación y retomar el crecimiento. Hoy Argentina se encuentra frente a un dilema que es claro, por un lado tenemos un déficit fiscal equivalente al menos a 7% del PBI, y por el otro la presión fiscal es sumamente elevada al punto que hasta aquí lo que se anunció fueron bajas en los impuestos.

Esto supone que habrá que recortar el gasto si lo que se desea es evitar seguir financiando el déficit con emisión monetaria en su totalidad o en parte, dado que luego, eso termina presionando sobre los precios, es decir elevando la tasa de inflación.

Claramente la emisión en este caso es inflacionaria, sobre todo porque la demanda de dinero es baja, lo que en términos de la vida cotidiana significa que quien tiene pesos en el bolsillo se desprende de ellos lo más rápido posible. En la última oración radica uno de los principales desafíos del gobierno que será intentar reconstruir de confianza en la moneda local (aumentar la demanda de dinero), y eso es un proceso que se logra con señales claras y con el paso del tiempo.

Esto quiere decir que es casi un hecho que veremos un aumento pronunciado de la tasa de interés en los próximos días, lo cual junto con un ajuste del tipo de cambio, probablemente tenga impacto en el nivel de actividad. Si eso sucede será tiempo de ver cuales son los resortes políticos que maneja el presidente y de que forma lo hace ya que necesitará apoyo para sostener las medidas que permitan que nuestro país retome el sendero del crecimiento desde el segundo semestre de 2016.

Desafortunadamente otra cara de la misma moneda es lo que anteriormente mencionado sobre el gasto, en el sentido que si no se quiere monetizar el déficit, y no se pueden subir los impuestos, el mismo debe bajar, y la magnitud es tan enorme (me refiero al déficit) que lo relevante será ver qué dinámica tendrá el recorte y cuales serán los sectores que lleven la peor parte.

Cierto es que si el Estado recorta el gasto, devalúa la moneda y sube la tasa de interés, alguien va a estar peor de lo que está hoy, no reconocer esto sería un infantilismo. También es cierto que para estar en forma hay que arrancar alguna vez y que el progreso es el hijo del esfuerzo, que los subsidios se debería orientar a corregir las iniquidades que el mercado genera y no a beneficiar a los sectores mas acomodados de la sociedad.

Todo eso parece ser teóricamente correcto, pero en la vida real cuando se sacan subsidios y sube la luz o aumenta el colectivo, es una mala noticia. Será tiempo entonces de ver cual es el sector sobre el que recae la mayor parte del esfuerzo para corregir los desajustes que nos impiden crecer hace 4 años. Al momento de administrar intereses contrapuestos, la gestión de poder toma otro color, y tiene mas que ver con el barro que con la campaña. Allí donde el fondo es lo que cuenta, y la forma de comunicar es relevante pero de ninguna manera determinante.

Viene el tiempo donde veremos decisiones de trascedentes, ya sea porque se toman, o porque se define postergarlas, en cualquier caso la conclusión siempre es la misma: lo único inevitable son las consecuencias.

jueves, 26 de noviembre de 2015

"El cambio detrás del cambio"

EL CRONISTA

Los procesos de cambio de gobierno suelen ser difíciles y normalmente tienen aspectos traumáticos, que la mayoría de la población desconoce.

La gestión cotidiana del poder está desprovista de la energía de la campaña electoral y el glamour de los medio de comunicación.

Las decisiones diarias se toman en terrenos ciertamente más áridos que lo que presentan los sets televisivos. Tienen mucho más que ver con el color de los expedientes, que con las luces de la campaña.

Cuando baje la espuma, la excitación inicial del nuevo gobierno deberá transformarse en gestión. Allí empezarán a plantearse los momentos más difíciles de todo comienzo, es decir, el verdadero inicio de la gestión suele llegar un poco después del comienzo formal.

Lo primero que sucede es, como en el juego de la silla, literalmente aparece la pelea por espacios físicos dentro de las oficinas, personal de toda la vida se encuentra con personal que estaba designado pero abocado a ‘otras tareas’, sumado a los genuinamente nuevos que llegan. Todos se mueven e intentan conservar escritorios, y computadoras de trabajo. El que estaba no se quiere ir o reubicar y el que llega está ansioso por comenzar.

En la llegada al poder, los nuevos funcionarios son generalmente de corte político, no solo ministros y secretarios, sino también subsecretarios y directores nacionales o generales (los últimos en ciudad, provincia y municipios), esto genera que el acceso de una nueva gestión tenga características muy parecidas a un desembarco. Lejos del ministro, las segundas, terceras y cuartas líneas deben establecer vínculos nuevos y construir confianza con el personal de planta permanente que esta hace años o (en algunos casos) hace solo un par de meses.

Allí normalmente reina la tensión que es propia con la llegada de cualquier nuevo jefe en cualquier trabajo. Solo que en este caso tiene un volumen que entre Nación, Provincia, Ciudad de Buenos Ares y municipios más Mendoza y Jujuy entre otros, podría ascender a 10 o 15 mil cargos.

Sumando a los temores propios que se generan ante cualquier cambio de jefe, ya sea en la dirección de cultura de un municipio, como una secretaría de estado, en una gerencia de un banco privado o una heladería de barrio; en este caso, además juega un papel importante la caracterización política que hagan los empleados de dicho funcionario y viceversa.

La construcción de vínculos que permitan transformar ideas de gobierno en planes y estos en acciones concretas, requiere de cierta armonía que es difícil de construir, sobre todo porque en la gestión pública, a diferencia del sector privado la capacidad efectiva de mando es bastante más acotada.

En la esfera del estado, el jefe no puede despedir a nadie ni generar fácilmente un sistema para premiar a los mejores. Esto en función de la estabilidad del empleo público (la cual, afortunadamente, hace rato que no se discute ya que es positiva) que invita a desarrollar planes de carrera que en muchas instancias aun no se implementaron de forma que resulten en un sistema justo de premios a los que hacen y se esfuerzan mas que sus pares.

Sobre la base descrita, cobra gran importancia el vínculo humano que establece el ‘jefe’ a la hora de estructurar equipos de gobierno que respondan al plan político del que se trate.

Pero los problemas no terminan aquí, ya que el otro aspecto del problema tiene que ver con la coherencia interna entre los jefes, es decir dentro de cada ministerio, secretaría o subsecretaría entre los funcionarios de menor rango, ya que no es fácil lograr que todos respeten los principios de unidad de mando y unidad de control. Esto no quiere decir que cada jefe hace lo que quiere, pero si no se conocen entre ellos de antemano es muy complicado que ‘jueguen de memoria’ como se suele pedir a los equipos en los deportes.

No pasa solo por el hecho que sean muy buenos en lo suyo, hasta los equipos de grandes estrellas pueden enfrentar serias dificultades sino encuentran un funcionamiento que los haga ser mas que la suma de las partes.

Si dimensionamos el problema ponderando la cantidad de nuevos jefes antes mencionada, podremos comprender la magnitud del desafío y lo importante que es contar con la colaboración en la transición. En el mismo sentido es que cobra vital importancia la jerarquización de una burocracia estable, bien paga, y de calidad, al tiempo que la existencia de partidos políticos fuertes, permiten que los funcionarios nuevos tengan un conjunto de ideas fuerza y una esquema de funcionamiento coherente que permite rápidamente implementar no una idea sino un plan complejo.

Estas son cuestiones que no suelen tomar estado publico pero son determinantes vitales respecto del nivel de eficiencia de la gestión publica, que al final de cuentas influye en la vida de todos nosotros.

jueves, 19 de noviembre de 2015

"El desafío de gobernar sin el infierno a la vuelta de la esquina"

De una u otra forma la historia siempre se repite. Ciclos que comienzan encuentran dificultades pero también apoyo popular con el que construyen confianza, a pesar de los escollos y fracasos iniciales; luego aparecen los logros, y terminamos por ponerle nombre al ‘modelo‘, con australes el ‘Plan Austral‘ primero, la convertibilidad luego, seguidamente el ‘modelo sin modelo’ del kirchnerismo y ahora estamos a la espera de la próxima letra, el próximo ‘modelo’. Nuestro pasado recorre el camino del enamoramiento al rechazo casi del mismo modo una y otra vez.


En el presente los amores y odios están mas repartidos que antes. Anteriormente asistimos a finales de ciclo abruptos de la mano de crisis visibles y dolorosas para la sociedad. Procesos que constituían en cierta forma la fuente de legitimidad del proyecto político siguiente, toda vez que se fundaban en el rechazo al pasado cercano, que a su vez habilitaba a los dirigentes a pedir sacrificios al pueblo que en otras circunstancias hubieran sido difíciles de digerir.


Raúl Alfonsín pudo liderar la vuelta a la democracia en un contexto como el del juicio a las juntas militares justo luego del proceso, algo sin precedentes en la historia del siglo XX con casos comparables. En la misma línea, podemos pensar el indulto de Carlos Menem a los militares que el presidente anterior había enviado a la cárcel, el Plan Bonex 89 o luego el proceso privatizador y de apertura comercial indiscriminada que él mismo calificó como "cirugía mayor sin anestesia" con el consecuente aumento de la tasa de desempleo.


En uno y otro caso, las grandes mayorías podían o no compartir una visión común sobre el lugar hacia el cual querían ir dichos presidentes (o cómo debíamos recorrer ese camino) pero al menos compartían que es lo que NO deseaban. Cual era el horizonte que no querían tener frente a sí.


Esta lógica política ocurrió también con la llegada (previa pesificación asimétrica de Eduardo Duhalde) del kirchnerismo que claramente no obtuvo un caudal electoral contundente en 2003 pero que supo aglutinar al pueblo en torno a iniciativas de política económica que sostenidamente nos invitaban a recordar el infierno del 2001 al que nadie quería volver.


Desde el retorno a la democracia solo tuvimos un caso que significo continuidad antes que cambio en términos de los fundamentos económicos del modelo: la Alianza. Sumando al rol del Partido Justicialista en la oposición, es válido pensar que en 1999 la famosa ‘Carta a los Argentinos’ no se cumplió. Pero por sobre todas las cosas el elemento aglutinante que implicaba la imagen de la catástrofe cercana no pudo ser construido por Fernando De la Rúa, lo cual lo transformó en un Menem prolijo, preocupado por garantizar la continuidad del 1 a 1 sobre la base de un fenomenal aumento del endeudamiento y una recesión sin precedentes, que terminó requiriendo una brutal ajuste de salarios y jubilaciones. Algo que no pudo ser digerido por el pueblo que miraba el pasado reciente y no encontraba motivos que lo dieran sustento a semejante sacrificio, lo cual constituyó la plataforma de lanzamiento presidencia; por el techo de la casa rosada solo un tiempo después. Siendo el candidato mas votado en 2003 justamente, el presidente previo al mismísimo De la Rúa.


El proceso electoral que vive la Argentina presenta aspectos que nos invitan a reflexionar para que no suceda lo mismo que en aquella oportunidad, sea quien sea el ganador del próximo domingo. Ambos prometen ‘aspectos de cambio’ y elementos de continuidad. Ambos pueden identificar elementos negativos de la gestión saliente. De hecho, podría decirse que Macri puede concentrar los votantes anti kirchneristas, pero lo curioso es que este ‘anti’ tiene mucho más que ver con las formas de gobierno que con el fondo, en el entendimiento que me estoy refiriendo al promedio y no al votante mas politizado e informado. Es decir, un ‘anti‘ que tiene trabajo, que se va de vacaciones, que no tuvo una pérdida significativa del poder de compra en su salario durante los ultimas años, o que probablemente se haya jubilado sin los años de aporte necesario y ya este percibiendo el beneficio.


Mas bien es un ‘anti’ enojado con las cadenas nacionales, la soberbia, La Cámpora, la inflación , la corrupción, la mentira del INDEC, el impuesto a las ganancias y las retenciones. Todos aspectos que una vez corregidos no van a tener un impacto significativo en el poder de compra, salvo la corrección de la inflación, que requiere un costo del conjunto de la sociedad.


La configuración que le da sustento al ‘anti’ no es un tema menor y resulta crucial a la hora de llevar adelante los ajustes requeridos desde ambas plataformas para, por ejemplo, bajar la inflación ya que se va a sentir de forma concreta en nuestro modo de vida.


Vamos a viajar menos al exterior, destinaremos una mayor parte de nuestro ingreso a pagar por servicios que hoy paga el Estado. Inicialmente la actividad se va a contraer, va a subir la tasa de interés veremos una ajuste del dólar y el primer semestre será de alta inflación por el reacomodamiento de los precios relativos, todo lo cual va a impactar en el empleo. Además debemos digerir el pago a los fondos buitre y veremos como se sale a pedir prestados los dólares que vamos a tardar en generar.


Es decir, 2016 va a ser un año difícil y de restricciones moderadas. Mientras tanto, si bien es razonable que los candidatos en campaña solo nos cuenten la parte positiva de los remedios, sería saludable que al menos nos den una pista sobre los efectos colaterales, dado el esfuerzo que debemos hacer para ubicarnos en el sendero del crecimiento sustentable que nos prometen.


La última vez que no nos avisaron, la paciencia se agoto bastante rápido y las consecuencias fueron graves en base a haber ocultado lo que se iba a hacer, o a lo que era necesario para mantener la promesa del 1 a 1.
Sin dudas que el desafío del próximo gobierno será el que implica gestionar un cambio, que a su vez implica sacrificios, pero sin tener el infierno a la vuelta de la esquina.

viernes, 13 de noviembre de 2015

"Cuánto Estado queremos, el desafío del día 101"

La discusión política del presente nos sitúa de forma razonable en ‘el día después’, esto es, qué sucederá si gana uno u otro candidato luego del 10 de diciembre.

Los ejes de campaña sobre aquellos aspectos de continuidad que Scioli y Macri garantizan, dan cuenta que las características centrales de las banderas flameantes del kirchenerismo antes que modificarse seguirán vigentes, a punto tal que hoy se han convertido en el la columna vertebral de la ‘campaña del miedo’ por parte del oficialismo y de ‘humor’ por parte de la oposición.

Ambos se pelean por jurarnos que YPF, Aerolíneas y Fútbol para Todos, seguirán en manos del Estado, que la AUH no se toca, que las jubilaciones aumentarán hasta hacer realidad el 82% móvil, y que las principales políticas públicas respecto de la presencia estatal seguirán vigentes.

En suma el Estado mantendría su tamaño, solo nos proponen que cambie de forma. Es curioso pero al mismo tiempo que nos garantizan eso, nos prometen que bajará la presión impositiva y se reducirá el déficit fiscal.

Si tomamos un poco de distancia podremos ver la contradicción implícita en el conjunto de argumentos lógicos que se plantean, lo cual no es un tema menor ya que la inconsistencia entre lo prometido y lo efectivamente realizado no necesariamente será tolerado por la gente con la misma paciencia que en el pasado.

La sociedades evolucionan y toman conciencia de su poder, sino veamos el caso de Dilma Rousseff que no cumplió su promesa electoral y hoy ve peligrar su continuidad en el poder, entre otras cosas, por la perdida de popularidad derivada de dichos incumplimientos.

Si repasamos la (in) consistencia lógica podremos tomar conciencia de ello. Debemos tratar de reflexionar sobre qué es lo que sucederá luego del momento inicial. Apartar la mirada del 11 de diciembre o del 10 de enero y depositarla en el 10 de abril o el 10 de mayo. ¿Qué sucederá a partir del día 101 de gobierno?

Argentina presenta un déficit fiscal equivalente a 5 o 6 % del PBI, esto quiere decir que con la recaudación actual no alanza para pagar los gastos. Sin embargo las promesas de cambio de forma antes que de tamaño suponen que las erogaciones que disminuirán vía recorte de los subsidios económicos a la luz, el agua o el transporte, subirán en la columna de jubilaciones, intereses de la deuda externa (de la mano del arreglo con los holdouts y la emisión de nueva deuda) así como la ampliación de la cobertura estatal vía políticas sociales que ambos candidatos prometen.

En cuanto a los ingresos ambos prometen que se reducirá la presión fiscal, con rebajas en ganancias, devoluciones de IVA para jubilados y eliminación de retenciones. Si bien la intención de la rebaja impositiva es promover la inversión y la producción, la inconsistencia persiste.

Ninguno de los candidatos es claro al respecto, es decir, si queremos que baje la presión fiscal, el tamaño del estado debe ser más chico que el actual, dado que mas allá que las cuentas parezcan cerrar a priori, no se puede tener un estado grande y una presión fiscal baja.

Por supuesto que vía eficiencia y combate a la corrupción se puede mejorar la oferta de bienes públicos con el nivel actual de gasto pero en el fondo el argumento lógico es el mismo: si vamos a bajar la presión fiscal el tamaño del estado se va a achicar.

Entender esto es relevante y debería ser uno de los verdaderos ejes del debate, que unos y otros rehúyen a dar, mostrando el plan para el 10 de diciembre pero colocando debajo de la alfombra las preguntas importantes que deberíamos hacernos. ¿Qué tamaño de Estado queremos? ¿Estamos dispuestos a aceptar un Estado más pequeño? ¿Sabemos cuáles son los costos y beneficios en cada caso?

Esos cuestionamientos son los que quedaron tapados por la coyuntura y el fragor de la campaña, pero tarde o temprano llegará el ‘después del día después’ y sería un acto de madurez colectiva preguntarnos acerca de qué pasará entonces, y qué es lo que estamos dispuestos a hacer en ese momento.

El esfuerzo colectivo necesario para combatir la inflación, aumentar la productividad de la economía y generar las condiciones para un crecimiento sustentable en el mediano plazo, no figura entre los argumentos de campaña. Ambos nos prometen que vamos a adelgazar y ponernos en forma, sentados en el sillón mientras comemos pochoclo y miramos la tele.

El debate no solo es necesario entre los candidatos, sino hacia dentro de la sociedad para que alguna vez comprendamos que no existen las soluciones mágicas y que el bienestar viene de la mano de la inversión en innovación y desarrollo antes que en la búsqueda por mantener los privilegios actuales.

Por más que de eso no hablemos hoy, tarde o temprano nos vamos a tener que enfrentar con aquello que parece ausente en la campaña: la realidad.

sábado, 31 de octubre de 2015

"El margen que tendrá el próximo Presidente para cambiar"


EL CRONISTA- 17/10/2015

Sobre el final de la actual gestión, hay debate sobre qué es lo que puede venir en materia económica según quién sea el que resulte electo. Hay similitudes que, antes que llamativas, parecen razonables en términos de cambio pero también en cuanto a la continuidad de políticas que ya quedaron consolidadas y fuera del debate.
Se pueden construir diferentes relatos sobre lo que pasó, pero el pasado no se puede cambiar. Sus consecuencias tampoco.
Las políticas sociales como la Asignación Universal por Hijo, la vigencia del Fútbol para Todos, YPF en manos del estado y Aerolíneas gerenciada desde lo público serán parte de la continuidad.
La estructura tributaria no va a modificarse de manera sustancial pero sí algunos aspectos del impuesto a las ganancias, las retenciones sobre trigo y maíz así como economías regionales y las limitaciones cuantitativas a exportaciones, con las importaciones será mas lento.
Mas allá de eso no va a cambiar mucho, por un razón bastante simple, un país que tiene déficit fiscal, si además de entrada recorta impuestos, solo lo podía hacer en base a un ajuste de gastos aún mayor.
Es evidente que una reforma que promueva las inversiones y un aumento de la presión sobre aquellos que hoy no pagan nada como la economía en negro generarían a la postre un aumento global de la recaudación, pero eso funciona en el largo plazo y ningún político resigna recursos hoy por un aumento de recaudación en el futuro. Sino bien podrían haber bajado el IVA cuando subió de 18% al 21% o el impuesto al cheque que llegó por un año y se quedó para siempre.
Solo se van a modificar los impuestos que realmente impactan en la opinión pública como ganancias a los trabajadores y las retenciones antes mencionadas. El resto deberá esperar mejores épocas.
De este modo el margen de maniobra operará sobre el gasto, el cual presenta un nivel de déficit que requiere tomar decisiones tales que probablemente allí podamos ver algunos matices entre los candidatos, así como el sello que deja la gestión saliente.
La Presidenta tomó la decisión de sostener el actual nivel de subsidios para sostener el consumo, dado que hay al menos $ 150 mil millones que el Estado se encarga de pagar en términos de energía, agua y trasporte y que dejamos de pagar sobre todo los que vivimos en Capital y el Conurbano, eso es salario indirecto que alimenta el mercado doméstico. Si esos subsidios se cortan o se reducen habrá una merma en el consumo, al menos al comienzo.
Como dichos subsidios no son financiados con recursos genuinos, generaron una serie de distorsiones en los precios relativos internos que mantienen una inflación reprimida en las tarifas que resulta a todas luces evidente, cuando vemos que la boleta de la luz es mas barata que un par de entradas de cine. Pero no solo eso, sino que además el financiamiento de dichos subsidios tal y como está planteado, genera que lo que nos ahorramos en subsidios muy probablemente lo estemos devolviendo en inflación o en perdida de crecimiento potencial.
Si bien todos parecen encaminados a salir del esquema antes mencionado. Tal vez mas por necesidad que por convicción en algún caso, con mas o menos gradualismo según el plafón político que se tenga, esas cuentas van a impactar en nuestros bolsillos de un modo u otro.
El tipo de cambio es otro de los elementos que no podemos discutir hacia atrás, dado que lo que vale el dólar no es materia de interpretación sino un dato de la realidad, y su retraso respecto del resto los bienes de la economía tampoco es muy discutible. Un ajuste allí generaría una mejora en la recaudación de nación y provincias dado que la mejora de los precios percibidos en pesos por el sector exportador aumenta del mismo modo lo que pagan en impuestos.
El retraso del dólar ya no respecto del resto de los precios de la economía sino respecto de nuestros vecinos y clientes como, China, Brasil y la Unión Europea, también fue una decisión tendiente a evitar un recalentamiento de los precios así como el subsidio encubierto a los viajes al exterior que representa dicho retraso, donde es mas fácil conseguir dólares para ir de shopping a Miami que para importar insumos que necesitan las fabricas.
Estas son algunas de las características que veremos como cambian en los próximos seis meses, poco lugar habrá para las promesas. Será el tiempo de los hechos, y la realidad antes que nutrirse de retórica, se alimenta de acciones, las cuales solo tienen un aspecto que no puede ser evitado: las consecuencias.