viernes, 8 de mayo de 2015

Para El Cronista - El salario mínimo, ganancias, billetes y la propuesta ‘cool’ del PRO


La discusión salarial entre los sindicatos, empresas y gobierno ha sido el factor común en el temario económico de las últimas semanas. En este sentido resulta clave la definición (o la falta de ella) por parte del gobierno respecto del impuesto a las ganancias, tanto en lo que hace al mínimo como a la vetusta escala.

Tal combinación llevó a los gremios a subir la presión política porque si el gobierno desea que los reclamos sean relativamente moderados, el sindicalismo oficialista deberá encontrar un respiro en la modificación del impuesto. De otro modo, la detracción sobre el salario será lo suficientemente fuerte como para requerir salarios aun mas altos que la inflación esperada.

A la hora de evaluar la presión tributaria sobre los trabajadores de ingreso medios y medios altos, se pueden realizar complicados cuadros o sencillamente acudir al Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) que ha sido testigo oculto de las distorsiones de la economía argentina en el último decenio.

En 2003 el SMVM era de $ 200 y el mínimo no imponible de ganancias llegaba a $ 2.063. Es decir, hacían falta 10,3 veces el SMVM para alcanzar el mínimo no imponible.

En 2008 el SMVM era de $ 980 y el mínimo no imponible alcanzaba los $ 5.554. Hacían falta 5,6 veces el salario mínimo vital y móvil para alcanzar el mínimo no imponible.

En 2015 el SMVM es de $ 4.716 y el mínimo no imponible es $ 15.000, es decir 3,2 veces el salario mínimo.
Hace 12 años hacían falta 10 salarios mínimos para alcanzar el mínimo no imponible de ganancias, en cambio hoy solo se requieren 3,2.

Si eso no es aumento de la presión sobre el salario, ¿qué es? Esta mirada también pone de manifiesto lo positivo en cuanto a la evolución del salario en la Argentina que, según la Presidenta, es el más alto de la región ya que equivale a 533 dólares superando al resto de los países vecinos (salvo Costa Rica cuyo salario es 538 dólares).
En este sentido vale decir que el SMVM también es testigo del retraso cambiario. De otro modo resulta difícil explicar salarios que crecen en dólares e importaciones que cayendo 11% en 2014 y desplomándose mas de 20% en 2015. Es decir, no parece fácil entender que la clase trabajadora tenga el mejor poder de compra en términos internacionales comparándonos con los demás países de la región al tiempo que nuestras importaciones son, justamente las que más caen en el vecindario del cono sur.

Otra discusión interesante que se puede seguir con la evolución del SMVM es la que tiene que ver con el valor de los billetes. Aquí vemos que hace rato se viene discutiendo sobre la necesidad de imprimir billetes de mayor valor, por ejemplo de $ 200 o $ 500.

Ya mencioné que en 2003 el SMVM era de $ 200, en este caso equivalente a 2 billetes de máxima denominación (dos de cien).

Hoy el Salario Mínimo es de $ 4.716, es decir que se necesitan 47 de los billetes de mayor denominación.
Si bien parecía haber consenso sobre la necesidad de imprimir billetes de mayor denominación, apareció una propuesta del diputado del PRO Federico Sturzenegger, economista de origen ciertamente académico, quien indicó en una entrevista a Radio Belgrano primero y luego en un articulo, la necesidad de suprimir el billete de cien.

Al leer el marco conceptual que brinda el legislador, resulta difícil estar en desacuerdo, pero no deja de ser llamativo como ciertos políticos viven despegados de la realidad. La propuesta de Sturzenegger es algo así como una iniciativa ‘cool’ palermitana que poco tiene que ver con la Argentina real, toda vez que indica la necesidad de profundizar alternativas electrónicas de pago y una bancarización de la economía en detrimento de la economía informal.

Justamente allí radica el riesgo de la propuesta ya que el diputado supone que el sujeto para sacar de la informalidad es el que evade 500 pesos y nada dice de las grandes evasiones que no tienen mayores problemas con la forma física del dinero, sea electrónico o en papel.

¿Habrá pensado el diputado como explicarle a un albañil del conurbano bonaerense que use su ‘celular como postnet virtual‘?

La informalidad de la economía debe combatirse, sin lugar a dudas, pero no se trata de que venga Apple con el modelo de dinero electrónico ya que ese es mas bien un punto de llegada antes que el de partida.
Al final de cuentas, lo cierto es que tanto la discusión sobre los billetes como la del impuesto a las ganancias son temas que más que dividir a los que pagan y a los que no, lo que habría que hacer es tratarlos donde se deben tratar, en el Congreso Nacional.

Claro que para eso debería existir voluntad política para hacerlo, y eso por ahora parece ausente.. como los billetes de $ 200.

martes, 5 de mayo de 2015

Para Basta de todo - Presentación "Ladrones"

Comparto la entrevista que me hicieron los Genios de "Basta de Todo" en Metro 95.1 Sobre mi nuevo libro "LADRONES"

http://basta.metro951.com/2015/03/24/matias-tombolini-en-escritores/

miércoles, 22 de abril de 2015

Para El Cronista - Cepo cambiario: ‘llamalo Martha’


El tiempo electoral empieza a mostrar sus resultados. La performance de los frentes que presenta el gobierno no es catastrófica ni mucho menos. La imagen de la Presidenta se ubica por encima del 40% y supera holgadamente la de sus colegas regionales como Dilma Rousseff y Michelle Bachelet.


Cristina Fernández viene demostrando una enorme capacidad para trocar desgracia en oportunidad. No parecen quedar rastros del ‘efecto Nisman’, tampoco de Hotesur o de las múltiples causas que tiene el vicepresidente.


A fuerza de una reacción política contundente y persistente, cambios de gabinete oportunos y una iniciativa que tuvo 13 cadenas nacionales en lo que va del año, el gobierno empieza a cosechar frutos que pocos cuestionan en términos de potencial para las elecciones venideras.


Tal es así que por estos días la mayoría de las encuestas muestran a Daniel Scioli liderando los sondeos mientras que la oposición intenta repensar su estrategia, de cara a los tiempos que vienen.


Sergio Massa anunciaría la convocatoria a una PASO ampliada desafiando a Mauricio Macri y su coalición, al tiempo que la experiencia mendocina puso a pensar a los líderes de un frente donde estaban todos juntos que tal vez ese sea el camino a recorrer en el plano nacional.


La perspectiva de un escenario mas probable de continuidad que de cambio va dejando señales en el plano económico. Es así que el ministro de economía Axel Kicillof, brindó entrevistas, entrego títulos y tomó la iniciativa lanzando una nueva emisión de deuda que fue meticulosamente preparada a fin de evitar el radar de los fondos buitre, quienes están al acecho para bloquear cualquier cosa que se parezca a la emisión de nueva deuda externa.


El domingo pasado, en una entrevista a Pagina 12, el ministro evaluó la situación internacional donde indicó claramente que argentina esta en zona de riesgo tanto por la fortaleza del dólar como por su contracara, que es la caída del precio de las commodities,


La valoración sobre la posibilidad que se traslade la crisis de los países desarrollados a los países emergentes también fue mencionada, en el contexto de una amenaza con nombre y apellido: posible suba de las tasas de interés en los Estados Unidos. La sola idea de mencionar que este año estamos en peores condiciones que el 2014 (siempre a causa de factores externos) así como la problemática del tipo de cambio, parecen preconfigurar un esquema que permitiría evaluar una nueva ola de ‘sintonía fina’, claro que luego de las elecciones.


El lunes también dio una entrevista a la televisión pública, donde habló del cepo. A grandes rasgos, lo negó: "No existe cepo porque importamos, giramos utilidades, pagamos vencimientos externos y le vendemos dólares a la gente que quiere".


En este sentido, Kicillof también aseveró que la palabra utilizada es mal intencionada dado que busca asimilar la administración del mercado único libre de cambios así como de los flujos de comercio a algo negativo.
Es entendible que las autoridades no deseen identificar sus políticas económicas con un elemento de tortura, por mas que este se haya popularizado.


Para que no haya segundas lecturas, yo creo que podríamos llamarlo Martha, o tal vez Enrique. Cada uno le puede poner el nombre que desee pero lo cierto es que desde fines de octubre de 2011 la economía argentina ha sufrido un cambio visible en diversas variables macroeconómicas que dan cuenta de dicha política de restricción de la demanda de dólares.


El comercio exterior, paso a ser administrado sobre la base de una doble restricción: por un lado se implemento un sistema de trabas para arancelarias como las DJAI (y sus múltiples derivaciones para servicios y otras ramas de la economía). Por el otro, la restricción al giro de divisas para los importadores, aun los que ya tienen aprobadas dichas DJAI.


Tal es así que la Argentina importa hoy cada vez menos, con caídas como la de febrero, cercana al 25% respecto del mismo mes de 2014, que ya era un año peor que el 2013. Es decir, el comercio exterior argentino se achico de la mano de Martha.


En términos de reservas internacionales, desde que Martha esta entre nosotros, las mismas cayeron en 2011 casi 15 mil millones de dólares cuando crecieron fuertemente en Brasil, Colombia, Perú y Uruguay. En suma, desde 2011 a la fecha el único país de la región que tuvo una merma en sus reservas, además de la Argentina, fue venezuela. El resto se incremento.


Tomando en cuenta los datos del INDEC, el crecimiento de 2011 fue casi el doble de lo que
avanzó la economía argentina sumando 2012, 2013 y 2014. Todo esto sin entrar en variables como el sector inmobiliario que vive una crisis sin precedentes de la mano de un mercado de dólar ilegal que hace inalcanzable las viviendas que antes se vendían como pan caliente.


Al mirar los números, no parece alcanzar con cuestiones semánticas. Podremos no llamarle cepo, pero sus consecuencias son difíciles de ocultar, por mas que le cambiemos el nombre.

martes, 24 de marzo de 2015

Para El Cronista - "Guerra de consignas sin confrontación de propuestas"

Terminó el verano hace solo unos días y en nuestro país en lugar de ver como baja la temperatura de la mano de las hojas color café con leche que tapizan las calles, vemos cómo los termómetros de la política vernácula parecen ir contra las estaciones del hemisferio sur.
Poco a poco se van conociendo aspectos puntuales o medidas que tomarían los diferentes candidatos que se perfilan con mas chances de cara al proceso electoral de octubre.
Por alguna razón que parece hipnotizar a dirigentes y asesores de imagen, todos terminan tentados por caer en una guerra de consignas antes que en una confrontación de conceptos. Probablemente esto tenga que ver con la necesidad de ubicarse en el centro del debate público. Con la idea de convertirse en proveedores de soluciones a problemas que aparecen como concretos en la vida de muchos argentinos. Todo ello sobre la base de liderazgos fuertes, que resultarían necesarios para llevar adelante transformaciones profundas en cortos períodos de tiempo y sin que eso implique costos para el conjunto del pueblo.
Este es el caso de la eliminación de ganancias sin una idea concreta de como se recompondría la pérdida de recursos fiscales derivada de tal política, o la eliminación inmediata del cepo sin el desarrollo conceptual sobre el que se basaría tal medida en veinticuatro horas de gobierno. Solo por citar dos de las políticas que llevarían adelante candidatos opositores muy bien posicionados en las encuestas.
Lo relevante es que anunciadas en forma aislada, las medidas aparecen solo en su aspecto positivo, lo cual no es cierto totalmente. Como decimos los economistas, "no existe tal cosa como una cena gratis". Toda medida de política económica que se implemente tendrá su costo, contante y sonante. Ese debería ser uno de los ejes de debate en las elecciones por venir.
Hoy vivimos en una fantasía comparable a la convertibilidad de los años noventa, solo que en lugar de un dólar en paridad con el peso, tenemos tarifas de energía y transporte que presentan enormes distorsiones respecto del interior del país, y mucho más grandes si las comparamos con nuestros vecinos como Uruguay o Chile.
¿Cuál será el valor del boleto de colectivo? ¿Cómo quedarán las tarifas de luz, gas y agua en capital y GBA? ¿Sobre qué base se asentara el ajuste del gasto que pregonan candidatos y referentes económicos?
Hace una semana tuvo lugar en un hotel coqueto de Puerto Madero la Expo EFI, una exposición y congreso de economía argentina que en su tercera edición convocó a los principales especialistas en la materia. Por allí pasaron economistas de todos los colores y escuelas. En general la gran mayoría coincidió en aspectos del diagnóstico como el peso de los subsidios sobre el total del gasto, la presión fiscal creciente, el retraso cambiario y el correspondiente aumento del costo laboral en dólares respecto de nuestros principales competidores sin una mejora contundente en la productividad, la imposibilidad de acceso a los mercados de crédito internacional y las consecuencias concretas del cepo como la caída en la llegada inversión extranjera, así como la débil composición de las reservas del BCRA, entre otros puntos salientes.
Luego, a la hora de mostrar los caminos para salir, la cuestión se puso bastante más borrosa. Promesas de atracción de inversiones multimillonarias, ajustes de tipo de cambio sin mayores consecuencias de la mano del "aumento de la confianza", ajustes del gasto sin demasiado detalle de cómo y cuáles serán las variables a ajustar.
De este modo parece difícil sopesar la viabilidad de los caminos ofrecidos, ya que propuestas flojas de papeles, terminan transformándose en espejos de colores. Algo parecido a lo que ofrecen los candidatos oficialistas, que también son expertos en sumar consignas pero siguen sin ser específicos sobre el curso de acción a tomar para corregir el rumbo de nuestra economía.
Unos y otros coinciden en que algo hay que hacer, toda vez que al observar el crecimiento del PBI local de los últimos tres años sumados, amargamente arañamos la mitad del informado en 2011.
Lo cierto, es que el contexto que tenemos por delante será aquel donde los países emergentes deberán enfrentar restricciones mucho mas severas que las que brindó la realidad en los últimos doce años.
Si la justificación para el magro rendimiento económico del último trienio es que el "mundo se nos cayo encima", parece muy difícil suponer cual será la batería de excusas para lo que viene.
El panorama en este sentido es mucho mas áspero que entonces, tasas en estados unidos subiendo, dólar fortalecido, commodities en baja, Europa exportando su intento de reactivación de la mano de una emisión portentosa y una devaluación evidente y China enfrentando nubarrones cada vez mas peligrosos que podrían poner un paréntesis en su elevada tasa de crecimiento.
Allí, en ese planeta, deberá gobernar la próxima gestión. De poco servirá la vana auto justificación de los problemas del "afuera" ya que si todo lo que tenemos para pedirle a nuestros dirigentes es que nos encomendemos a la suerte del resto del mundo para que nos vaya un poco mejor entonces en lugar de votar con conciencia lo mejor sería saber a cual de ellos les va mejor en el casino.

viernes, 13 de marzo de 2015

Para Diario Perfil - Un otoño más verde que cobrizo

Parece mentira pero ya falta sólo una semana para que comience el otoño, y el color que domine la discusión económica en nuestro país no sea el cobrizo tono de las hojas que caen de los árboles con la llegada de la nueva estación sino el verde oscuro casi azulado del dólar.

El verano se despide con la divisa en el centro de la escena económica internacional. No importa cuál sea el tono de los billetes contra el que se la compare, la moneda estadounidense tomó un camino ascendente que la muestra con una fortaleza que no tenía desde hace años.

En ese contexto, vemos como resultado natural la caída del precio de las commodities dado que, si tenemos un dólar mas poderoso, “más caro”, por lo tanto necesitamos menos billetes para comprar, por ejemplo, una tonelada de soja o un barril de petróleo.

Si bien la relación no es estrictamente lineal, podemos coincidir en que parte de la explicación relativa al débil precio de los productos primarios es la contracara de un dólar fortalecido.

En esa línea, los ejemplos sobran en del mundo. Como consecuencia de un conjunto de factores tales como las sanciones económicas más la caída del precio del crudo, sobre finales del año pasado pudimos asistir a una devaluación del orden del 40% del rublo en la Rusia de Putin.

Esta semana, la novedad vino de la Unión Europea, más precisamente del Banco Central de Europa, que ya se encuentra en plena acción expansiva con su plan de compras de deuda masiva, tras el objetivo de evitar que la economía del Viejo Continente se encamine a una deflación peligrosa e incompatible con la salida del proceso de estancamiento que atraviesa.

El objetivo que persigue la entidad comandada por el italiano Mario Draghi es alentar cierto rebrote inflacionario (sí, leyó bien) buscando reactivar el crecimiento, tal y como hicieron la Reserva Federal estadounidense de Ben Bernanke y Janet Yellen, así como lo que realizó el mismísimo Banco de Inglaterra: ambos países tuvieron una estrategia monetaria ultraexpansiva que buscó sostener la expectativa de precios en alza que sostuviera un consumo que, por otro lado, estaba en riesgo por los ajustes que sufrieron ambas economías a la salida de la crisis financiera de 2009.

Vale aclarar que cuando nos referimos a estrategias que buscan generar una dinámica de variación positiva en los precios, tienen como objetivo que éstos se muevan en el orden del 2%/3% anual.

Entiendo que realizar comparaciones o paralelismos con lo que sucede aquí no merece la pena, aun cuando algunos sostengan la idea de que “un poco de inflación es bueno”; claro está que todo pasa por una cuestión de mensura...
Retornando a la cuestión estrictamente cambiaria, vale decir que el euro está prácticamente en una situación de paridad con el dólar, cuando hace poco tiempo se necesitaba US$ 1,4 por euro. Esta situación se enmarca dentro de récords históricos para las Bolsas alemana y francesa, lo que presagia una recuperación de las principales economías europeas, que en la actualidad muestran un comportamiento débil.

Este esquema de dólar fuerte tiene su efecto en las economías de la región, y es así que vemos cómo esta semana el Banco Central mexicano anunció que reducirá el ritmo de acumulación de reservas inyectando poco más de US$ 50 millones diarios durante el próximo trimestre a fin de brindar liquidez a un mercado que realmente la necesita, y tratando de moderar lo que ya es una fuerte depreciación del peso mexicano, que alcanza 15,4 unidades por dólar.

Situaciones similares se repiten a lo largo de la región con casos como el de Perú, que alcanzó valores que no se veían desde hace más de diez años. Pero lo más relevante para nuestra economía sigue siendo la situación del real brasileño, que continúa perdiendo valor, ubicándose cómodamente por encima de 3,1 reales por dólar, exhibiendo valores que tampoco se veían antes.

Mientras este proceso comenzó ya en octubre de 2014, en Argentina nuestra moneda se ha movido muy poco entre octubre y febrero, generando una relajación que afecta fuertemente la competitividad de todas las ramas de la economía.
Cuando miramos la performance de nuestro comercio exterior, vemos que Argentina, que supo ser el tercer exportador de la región, luego cedió ese lugar a Venezuela, que en 2014 registró exportaciones en el orden de US$ 80 mil millones; sin embargo, lo llamativo es que ni siquiera estamos cuartos, sino que ahora hemos cedido ese lugar a Chile, que con más de US$ 75 mil millones de exportaciones se ubicó por encima nuestro, que no logramos alcanzar los US$ 72 mil millones.

Si bien los rankings no suelen ser buenos consejeros para tomar decisiones de política económica, en este caso nos permiten entender las consecuencias del camino que eligió el Gobierno para controlar el avance de los precios: un dólar anclado, control del comercio exterior, ralentizando las importaciones, con su efecto conjunto sobre las exportaciones y, como consecuencia de ello, una pronunciada caída en el nivel de actividad económica.

Con todo ello, el BCRA que comanda Alejandro Vanoli debió salir a vender divisas para contener la cotización, dado que la presión aumentó fuertemente en las últimas jornadas, De hecho, las ventas en marzo se ubican cerca de los US$ 300 millones, y la divisa ya se desliza a un ritmo más acelerado que en los últimos meses.

Vale decir que la situación de las tasas de interés es el otro elemento a seguir de cerca, dado que, en la medida en que no resulten atractivas para los inversores, serán un elemento que ponga más presión sobre el billete verde.

George Soros, el financista que también fue un hábil especulador bursátil y hoy es filántropo, con quien la presidenta se juntó el año pasado, en 1992 llevó adelante un ataque especulativo contra la libra inglesa que le dejó un rédito en aquel momento de más de mil millones de dólares, y forzó la devaluación de aquella moneda. Su frase de cabecera en ese caso y otros tantos que lo tuvieron como protagonista en el mundo de las finanzas especulativas internacionales siempre ha sido la misma: “Encuentra una tendencia cuya premisa sea falsa, y apuesta tu dinero contra ella...”. Cabe preguntarse, entonces: ¿qué haría, si pudiese, el magnate húngaro-estadounidense en la Argentina?

viernes, 6 de marzo de 2015

Para El Cronista - El socialismo, la mano invisible del mercado y el sueño del Kibutz

Alberto Ovin, tiene 48 años y actualmente trabaja como guía turístico matriculado en Israel. Llegó allí, proveniente de Argentina, hace más de 25 años persiguiendo el sueño de un país cuya base económica se asentaba en emprendimientos colectivos que fueron mundialmente conocidos: el Kibutz.


Conversar con este argentino que ya tiene mas años en el pequeño país asiático que en la tierra que lo vio nacer, permite obtener una mirada práctica sobre el devenir de una experiencia de la que vale la pena sacar algunas conclusiones.


Alberto cuenta que al comienzo los kibutzim (plural de la palabra kibutz) eran auténticamente colectivistas. Los postulados sobre los que asentaron inicialmente tenían que ver específicamente con una centralidad en el trabajo agrícola; la idea de propiedad colectiva; salarios igualitarios sobre la base que "cada cual otorga según sus posibilidades y recibe según sus necesidades"; rotación de los puestos directivos, y decisiones democráticas en el sentido que las decisiones importantes, incluyendo todo lo concerniente a cambios en los postulados o su aplicación.

Si bien alcanzaron fama mundial, lo cierto es que nunca representaron mas del 4% de la población de Israel. Una de las bases de su desarrollo se debió a que luego de su independencia tenían fuertes restricciones para importar productos agrícolas, y esto brindó gran importancia a los kibutzim.

Luego, una vez que Menájen Beguin del partido Likud derrotó por primera vez al laborismo en 1977, comenzó a quitarles subsidios y apoyo lo cual los obligó a enfrentar un proceso de adaptación y cambio.


Alberto cuenta que el aporte esencial al desarrollo del estado ya lo habían hecho y en la nueva realidad, no había espacio para el viejo modelo. Fue así que se avanzó en un duro proceso de privatización de medios de producción y los servicios del kibutz, así como la implementación mas extensiva de la propiedad privada y el salario diferenciado.


Estas comunidades entendieron que lo que servía ayer no necesariamente era útil en la actualidad. Por otra parte, supieron analizar sus fortalezas y debilidades para reinventarse y rescatar muchos de los paradigmas positivos que los hacían diferentes.


De este modo aceptaron que no había que resignar la vida comunitaria, pero que cada miembro podía ser propietario de su casa (lo cual no sucede en todos lo casos, aun hoy), comprendieron que la igualdad salarial quitaba incentivo al esfuerzo individual.


Se terminó la lógica imperante donde un grupo reducido de personas determinaban a quién le tocaba el equipo de aire acondicionado o quién podía utilizar el auto del kibutz y quién no.


En ese momento comprendí que había muerto el sueño colectivista pero no el sueño colectivo. Los miembros aún cuentan con una serie de beneficios muy importantes que hacen las veces de proceso redistributivo donde se observan desde ayudas a desempleados, hasta facilidades para adquirir las propiedades según el grado de antigüedad en el kibutz. Es decir se convirtieron en una comunidad organizada con objetivos comunes claros no en un barrio cerrado o un country.


En un formato moderno y donde el trabajo agrícola aun existe, la gran mayoría se encuentra inmerso en procesos productivos de alto valor agregado con desarrollo e incorporación de tecnología para poder competir en un mundo que no hace distinciones respecto de la procedencia de los bienes y servicios, mas allá de la cruda relación entre precio y calidad.


Con mas de 260 kibutz y una población que en 2001 alcanzaba 135 mil personas, enfrentaron el nuevo siglo con la mirada puesta en el desafío de adaptarse al presente y prepararse para el futuro antes que buscar sobrevivir con la mirada puesta en la melancolía de un pasado mejor.


Fue así que Alberto dejó su empleo en el kibutz e impulsando por la misma comunidad a partir de sus aptitudes, se convirtió en guía turístico, que en Israel es una carrera de tipo universitaria.


A partir de su experiencia y una mirada general sobre este proceso es que me pareció que podemos sacar algunas conclusiones para nuestro país.


En tiempos donde la palabra ‘mercado’ parece un insulto, donde la diferencia natural resulta de ‘derecha’, donde privilegiar lo que agrega valor y representa una posibilidad de desarrollo por sobre lo que se sostiene en el favor puntual de un funcionario, resulta una idea descabellada. Terminó por imponerse una retórica que deja como resultado el planteo de una contradicción inexistente en el resto del mundo. Aun debatimos ‘mercado o estado’ mientras la mayoría de los países entendió que es mercado Y estado. Sin dudas que la cuestión pasa por la definición que le damos a cada cosa, y cual su alcance.


Aquí la experiencia del kibutz parece interesante, ya que sobre la base de fomentar un capitalismo relativamente sano entendieron que podían defender logros que se alcanzaron en el pasado y aun mejorar la vida del colectivo. Eso si, continúan con una mirada solidaria ya que esa decisión siempre implica pensar en el conjunto antes que en aquellos que lo conducen. Eso en nuestro país aun resulta un desafío.

viernes, 13 de febrero de 2015

Para el Cronista - Una grieta con 15 millones de argentinos que no llegan a la canasta básica




Promediando el mes de febrero, la sociedad se encuentra sumergida en el debate público sobre la causa Nisman como eje central entre los temas que se abordan por estos días.

La marcha convocada para el 18 refuerza el costado político de una causa que tiene derivaciones múltiples e implicancias aun incalculables en todos los frentes posibles. Expondrá la famosa brecha, una grieta que asoma vertical entre dos sectores de la sociedad sobre el posicionamiento, sea a favor o en contra del gobierno. Diferencia que ha llegado a obturar la posibilidad por parte de quienes se encuentran a un lado y otro de ese abismo, en cuanto a valorar lo positivo y negativo; donde se cuestiona a quien dice por su característica y pertenencia ideológica antes que las ideas concretas que la persona exprese.

Estamos en un tiempo donde caemos sistemáticamente en la falacia ad hominem, típico recurso argumental que se utiliza para no discutir ideas a partir de la descalificación de quien las expone.

Este recurso solo deja en evidencia a unos y otros sobre la carencia de pensamientos profundos que tengan valor concreto tanto en lo que hace a la caracterización de la realidad como a las propuestas para modificarla de forma permanente en el tiempo.

La verdadera grieta vigente desde hace 20 años en nuestro país no es vertical sino horizontal, tiene que ver con una Argentina de dos velocidades que muestra el devenir de clases medias y altas que disfrutan y sufren determinado tipo de problemáticas vinculadas con el acceso a bienes y servicios propios de su clase, mientras que del otro lado de la grieta existen unos 15 millones de argentinos que intentan completar la canasta básica total.

Esos que llamamos pobres e indigentes y para quienes no hay mucha más visibilidad que la que otorga la cobertura de policiales en zonas marginales o a los sumo un poco de pantalla cuando se acumulan en interminables colas aguardando el colectivo, los días que paran los ferroviarios.

La Argentina que no vemos es la protagonista del otro lado de la verdadera grieta que no hemos podido cerrar como pueblo en lo que va del siglo XXI. Resulta curioso que no solo no se vean propuestas concretas para resolver este problema central del país, sino que no parece haber intenciones siquiera de visualizarlo toda vez que aun seguimos sin conocer datos oficiales sobre pobreza en indigencia.

Cierto es que lo que luce más razonable para poder pensar en achicar esta verdadera brecha, es tener clara su existencia y dimensión pero no es menos cierto que una vez establecido esto, el camino para resolver el problema tiene elementos comunes ya sea se planteen soluciones de corte ortodoxo o heterodoxo en el plano político, económico y social (utilizando la categorización económica en este caso para los tres aspectos, dado que su simetría con los encuadramientos políticos resulta evidente).

Nada nuevo se ha escuchado de los principales candidatos respecto de planes nacionales de reducción de pobreza, ni que hablar de planteos que ubiquen dicha reducción como un objetivo central de gobierno.

No hemos sabido hasta aquí cómo se piensa operar respecto de los problemas propios de la marginalidad y la conflictividad salarial que hace al 34% de trabajadores que aun permanecen en negro. Así como no se supo cuáles son los planes de contingencia para atender la situación urgente de los cientos de miles de jóvenes de entre 16 y 24 años que no estudian ni trabajan.

El sistema tributario vigente, cobra en este sentido un rol determinante dada su función propia (junto con el gasto/inversión pública) relativa al proceso de redistribución.

Sucede que el aspecto fiscal hasta aquí solo alimenta debates sobre el quantum de los gastos, y la forma de cumplir con las metas de recaudación pero poco se analiza sobre la eficiencia de las erogaciones que se realizan.

La posibilidad de elevar la eficiencia del gasto, solo se logra con un plan concreto a lo largo de varios años, y esto permitiría suponer una mejora en la calidad de vida, fundamentalmente de aquellos que pertenecen a la argentina que no vemos o no queremos ver.

Resulta imposible implementar estrategias de largo plazo sin la construcción de consensos amplios que supongan políticas de estado.

Para ello se requiere de un amplio compromiso de la dirigencia que mas allá de pensar en resolver los problemas sólo a partir de la aplicación de los planes macroeconómicos y los ajustes que se proponen, debería pensarse o repensarse a si misma en el sentido de ubicar la disputa política con centro en la transformación concreta de la vida de los ciudadanos antes que la mera tarea de obtener y conservar el poder.

Claro que para eso hace falta que quien gane las próximas presidenciales piense en las siguientes generaciones antes que en las siguientes elecciones. Algo que hoy parece una utopía propia de un país adolescente.