jueves, 6 de noviembre de 2014

miércoles, 22 de octubre de 2014

Para El Cronista - Presupuesto: sólo se discute cuáles son los números


Esta semana avanzará la discusión en el Senado sobre un devaluado presupuesto nacional.

La idea que subyace a la formulación del presupuesto con las fechas que estipula la ley respecto de su presentación, implica algo obvio. Es una norma que debe ser tratada con la suficiente antelación y sobre la cual el debate debe ser amplio a fin de poder modificar los aspectos que los diputados y senadores, en tanto representantes de un país en teoría federal, consideren relevantes tanto para la nación como para las provincias.

El esbozo de discusión parlamentaria ha quedado resumido a la expresión de posiciones de carácter testimonial por parte de la oposición toda vez que no se les concede margen para negociar nada. En el mismo sentido los miembros del oficialismo deben presentar la correspondiente disciplina (natural a la hora de votar) en todo el proceso, sin chance de disenso durante el tratamiento de la ley en las comisiones respectivas.

De ese modo, sólo se replica el esquema de debate económico vigente en la Argentina durante los últimos años, donde no discutimos qué hacer con los números sino que seguimos deliberando sobre cuáles son estos.

No hay interrogación sobre como atacar las enfermedades porque no nos ponemos de acuerdo en el diagnostico. Mientras para unos la inflación es de 40% anual, para otros ronda la mitad. Al tiempo que el jefe de Gabinete expresa que el salario real no sufrió pérdidas durante este año, opositores, empresarios y gremios tanto afines al gobierno como los mas combativos, ponen sobre la mesa la necesidad de discutir aumentos o sumas fijas antes que finalice el 2014.

La idea de prever cursos de acción sobre el tiempo por venir son una utopía lejana que se desdibuja en discursos grandilocuentes que depositan su atención en la retórica antes que en la práctica.

El año entrante tendrá en la fortaleza del dólar, su correlato a la tendencia actual donde los precios de commodities y monedas caen como contrapartida de la suba internacional del billete verde.

Veremos como retacea en toda la región la llegada de inversión extranjera, y esto enfrentará a nuestras economías ante el desafío de la productividad. Si el crecimiento previo fue sobre la base de una modificación de los pilares que harían sustentable el desarrollo, entonces el tiempo de relativa escasez se podrá sobrellevar con herramientas sólidas como la capacidad de agregar valor innovando, compitiendo de igual a igual en mercados internacionales, donde lo que reina son los rendimientos antes que los discursos.

La experiencia del ArSat 1 permite demostrar que con recursos locales (y los cada vez mas deteriorados salarios argentinos) podemos competir en el mercado de la tecnología de punta, ofreciendo resultados de calidad a nivel global.

El año entrante, marcará tasas de interés que no serán mas bajas que las actuales sino al revés, forzando la búsqueda de mejoras en los rendimientos productivos de las compañías que verán deteriorada su hoja de balance cuando el dinero sea mas costoso.

Con dólares mas caros y escasos, con desafíos concretos en cuanto a regenerar las condiciones de crecimiento sostenido, la caída del precio de la soja y el resto de las oleaginosas, así como el aumento (injustificado) de los combustibles a nivel local presentan un frente de conflicto que debería ser abordado estratégicamente desde las esferas oficiales.

Mientras el petróleo bajó 20% en moneda dura, los últimos doce meses, devaluación mediante, el costo del crudo se encareció 15% en moneda local, al tiempo que en el surtidor el incremento supera el 60%, el gobierno sigue sin decir nada al respecto.

El presupuesto calla sobre todo esto, no plantea un plan de acción y mas bien se encamina a ser aprobado para convertirse en una autorización para gastar pesos que cada vez valen menos antes que en una herramienta de gestión para mejorar la vida todos.

sábado, 11 de octubre de 2014

viernes, 3 de octubre de 2014

Para El Cronista - El fin de lucro no es un delito penal

La idea de una conspiración permanente que busca desestabilizar al gobierno es una forma de pensar que puede tener cierto asidero si es que los hechos que muchos identifican como consecuencias, en realidad son causas. El ejemplo de los productores de soja es bastante claro, ¿son ellos algunos de los actores que presionan por la devaluación o, dado que esperan una devaluación en función de la señales que envía el propio gobierno, guardan la soja para cuando puedan obtener mas pesos por dólar?


Cierto es que a los productores como al resto de los actores económicos del sector privado los moviliza el fin de lucro, que por ahora no esta tipificado como delito en el código penal, y que es lo que se encuentra como una de las bases en las relaciones de producción que rigen el sistema capitalista.

Con mas o menos nivel de regulación, el objetivo de ganar dinero sostiene la decisión de invertir, lo cual a la postre es un pilar en la generación de empleo. Nos guste o no; aún en el supuesto que la acumulación se genera en base a la captura de plusvalor; si compartimos la idea que el fin de lucro precede la decisión de invertir, lo que sigue es comprender que este lucro se basa en la idea de obtener la máxima ganancia con la menor cantidad de recursos posibles.

En ese sentido es que los productores buscan maximizar sus utilidades, lo cual sucede en argentina pero también en el resto de los países del mundo. Es decir que, entre otras cosas van a tratar de vender su producto o servicio al máximo precio que la demanda este dispuesta a pagar por ello.

Complementariamente el rol del estado es diverso y complejo cuando se trata de las ganancias del sector privado, dado que por un lado debe promover las inversiones que se basan en la maximización mencionada pero por otro lado debe regular dicha ganancia para redistribuir los recursos tratando de acortar la brecha entre los que mas tienen y lo que menos.

En esta tensión entre eficiencia (con los mercados supuestamente funcionando sin regulación) y equidad, es que el rol del estado cobra sentido en uno de sus múltiples aspectos como agente rector de la vida económica de un país.

Ahora bien, si el supuesto bajo el que actúa el estado es el de la conspiración permanente por parte de los privados quienes buscarían coludir para obtener ganancias por fuera de las normas y así romper este necesario equilibro entre mercado y estado, la figura de control y regulación se profundiza inexorablemente.

Estos controles, cuando se acrecientan, tienen un efecto nocivo similar al que genera la operatoria del sector privado por fuera de la ley para obtener ganancias extraordinarias, dado que si la intervención del estado se da de forma poco previsible e incremental, esto genera incertidumbre y por lo tanto desalienta las expectativas de ganancia que mueven parte de la inversión y brindan una porción del empleo.

Ahora bien, si consideramos la idea de la conspiración permanente, resulta difícil pensar que; para maximizar gananci as, la mejor estrategia sea la de generar un caos económico donde se destroce el valor de los activos, caigan el consumo y la producción, aumente la morosidad y se rompan los contratos.

Siempre existen actores concentrados que pueden obtener ganancia del caos, lo que parece difícil sostener seriamente, es que la mayoría de los que invierten y que son los mismos que lucran con el crecimiento de la economía, estén buscando la debacle solo por favorecer en interés de los fondos buitres.

Dicho esto, y considerando la relevancia extrema que tiene el rol del estado en la redistribución de la riqueza. Si lo que hay es mas tensión entre éste y el sector privado. Cuando antes que promover la inversión, se favorece la persecución (al menos declarativa), no queda claro cual será la riqueza que el mismo estado pueda distribuir en el futuro si lo que vemos es que se mueve en contra de la generación de la misma.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Para Diario Perfil - Por qué el blue está a $ 15



A lo largo de la semana que culmina la agenda económica volvió a tener al dólar entre sus titulares, pues llegó a cotizar en torno a los $ 16 y se instaló nuevamente el debate sobre lo sostenible del precio y cómo se forma el mismo.
Cierto es que hay datos que tienen que ver con la liquidación de divisas por parte de las cerealeras que ubican la tercera semana de septiembre como la segunda más baja en esa materia en lo que va de 2014, al tiempo que para esta altura del año pasado los productores aún tenían 13 millones de toneladas de soja por vender mientras que por estos días tienen 22 millones en su poder. ¿Por qué no venden?

La respuesta es simple, quien tiene mercadería para exportar, hoy retrasa esa decisión porque entiende que el dólar va a estar más “caro” mañana que hoy.

Esto claramente resta oferta de divisas y presiona sobre el valor del tipo de cambio.

Podríamos preguntarnos si existe algún nivel de coordinación entre los diferentes actores para no vender, transformando lo que sería una expectativa de devaluación en una acción concreta que busca la devaluación como resultado de sus actos.

Si bien puede parecer el juego del huevo o la gallina, no es un tema menor identificar qué está primero, ya que una cosa es actuar sobre las expectativas de los que ofrecen dólares y otra muy diferente es tomar medidas para desarmar un entramado donde los que tienen la cosecha actúan con un fin concreto y determinado presionando en su favor.

Pensar sobre estos temas nos invita a repasar la realidad de quienes poseen la cosecha, intentando comprender que no todos los actores son equivalentes en este caso. No es lo mismo el gran exportador que tiene espalda financiera, recursos técnicos y profesionales para estimar ganancias y pérdidas por dilatar la venta o no de su mercadería, que un productor que tiene la soja en una silobolsa y sabe que cuando vende le dan pesos, con los que tiene que arreglarse el resto del año, siendo que pierden su valor a una velocidad del 32% anual.

Este productor una vez que vende deja el dinero depositado en la sucursal del Banco Nación de su pueblo, no hace inversiones diversificadas en la Bolsa, no sabe cómo hacerlo y no le interesa. Mayormente abona sus deudas con cheque contra el saldo de su cuenta y vive con el resto. Si la cosecha y los precios fueron buenos, cambia la camioneta, invierte en el campo, manda a los hijos a estudiar a la ciudad, y si el resultado fue malo aguanta y siembra para la próxima campaña.

El productor no está pensando cómo hacerle daño a la Presidenta (recordemos que no es el único actor en este juego), de hecho, es productor porque ésa es su vida, es lo que sabe hacer.
Imaginar que esas personas están con sus computadoras evaluando la evolución del tipo de cambio, mirando las cotizaciones bursátiles de Argentina y el mundo, y coordinando cuándo intervenir en el mercado, no parece muy sensato. 
Suponer que hay un complot es además creer que ese complot tiene actores bastante tontos, porque estarían utilizando toda su sofisticación para actuar por estos días pero no se dieron cuenta de vender su mercadería en mayo, cuando la soja cuesta 200 dólares más por tonelada que hoy.

Por otro lado, si suponemos que existe la expectativa de devaluación como consecuencia de la coyuntura y no como su causa (aunque también influye presionando sobre el precio) deberíamos preguntarnos por qué.

Pues bien, quien vendía en abril no tenia la expectativa de suba del dólar oficial que tiene hoy. Dado que la devaluación de enero, que llevó la moneda estadounidense a $ 8, permitió recomponer la ecuación de costos del sector exportador, no se sostuvo pareja con los precios con el correr del tiempo. Desde ese momento hasta ahora el dólar oficial subió 5% y los precios lo hicieron aproximadamente 14-16%.

Pero por sobre todas las cosas, por aquel entonces Argentina buscaba un acercamiento a los mercados financieros, que la llevó a acordar en múltiples frentes, cerramos el conflicto de Repsol, y hasta salimos del default con el Club de París. Todas señales que indicaban la posibilidad concreta de acceder a financiamiento (es decir, ingreso de dólares) en el corto o mediano plazo. Con esa información disponible, quien decidió vender o no, lo hizo más bien pensando en el precio de su producto y si éste iba a subir o a bajar en el futuro que en el valor del dólar.

Luego, en junio, todo cambió; el 16 de aquel mes la corte suprema de los Estados Unidos decidió desestimar el caso de los fondos buitre confirmando el estrafalario fallo del juez Griesa y condenándonos a una injusta y costosa situación de incumplimiento parcial con nuestros acreedores. El resto es historia conocida. Desde aquí la respuesta fueron los tambores de guerra, y la posibilidad de acceder a fuentes de financiamiento quedó cada vez más lejos.

Esta coyuntura se constituyó en una señal bastante clara sobre el futuro cercano, íbamos a tener pocos dólares, y si lo que hay son muchos pesos circulando, es razonable que quien tiene que liquidar exportaciones tenga la expectativa de que el valor de 8,42 tiene mucho más de piso que de techo.

Al mismo tiempo, en el mercado ilegal el dólar llegó a valores que casi nadie cree que sean sostenibles en el corto plazo, pero que ya llevan más de una semana por encima de los 15 pesos. Aquí reaparecieron las acusaciones sobre conjuras de especuladores y organizaciones antiargentinas que funcionarían con el financiamiento buitre, en connivencia con empresas yanquis, cuyos operadores serían políticos, sindicalistas, periodistas y todo aquel que hable del dólar ilegal en cuanto a su precio.

Si bien es probable que haya interesados en causar más ruido en la economía del que ya tiene, lo cierto es que las cosas valen lo que la demanda está dispuesta a pagar por ellas. Si el precio del dólar fuera absolutamente artificial (lo que no quiere decir que no sea caro o que no pueda bajar sensiblemente en el futuro) la pregunta es por qué hace más de una semana que se pagan esos precios.

El hecho es que, a pesar de ser un mercado ilegal, lo rige la oferta y la demanda, y lo moviliza el fin de lucro, de este modo quien vende lo hará al máximo precio que el comprador esté dispuesto a pagar. Sucede que esto las autoridades lo conocen bien, ya que está en cualquier manual de economía básica; lo llamativo es que utilicen argumentos repetitivos e inconsistentes en lugar de buscar la forma de actuar sobre las causas, es decir la falta de dólares y el proceso inflacionario.