viernes, 3 de octubre de 2014

Para El Cronista - El fin de lucro no es un delito penal

La idea de una conspiración permanente que busca desestabilizar al gobierno es una forma de pensar que puede tener cierto asidero si es que los hechos que muchos identifican como consecuencias, en realidad son causas. El ejemplo de los productores de soja es bastante claro, ¿son ellos algunos de los actores que presionan por la devaluación o, dado que esperan una devaluación en función de la señales que envía el propio gobierno, guardan la soja para cuando puedan obtener mas pesos por dólar?


Cierto es que a los productores como al resto de los actores económicos del sector privado los moviliza el fin de lucro, que por ahora no esta tipificado como delito en el código penal, y que es lo que se encuentra como una de las bases en las relaciones de producción que rigen el sistema capitalista.

Con mas o menos nivel de regulación, el objetivo de ganar dinero sostiene la decisión de invertir, lo cual a la postre es un pilar en la generación de empleo. Nos guste o no; aún en el supuesto que la acumulación se genera en base a la captura de plusvalor; si compartimos la idea que el fin de lucro precede la decisión de invertir, lo que sigue es comprender que este lucro se basa en la idea de obtener la máxima ganancia con la menor cantidad de recursos posibles.

En ese sentido es que los productores buscan maximizar sus utilidades, lo cual sucede en argentina pero también en el resto de los países del mundo. Es decir que, entre otras cosas van a tratar de vender su producto o servicio al máximo precio que la demanda este dispuesta a pagar por ello.

Complementariamente el rol del estado es diverso y complejo cuando se trata de las ganancias del sector privado, dado que por un lado debe promover las inversiones que se basan en la maximización mencionada pero por otro lado debe regular dicha ganancia para redistribuir los recursos tratando de acortar la brecha entre los que mas tienen y lo que menos.

En esta tensión entre eficiencia (con los mercados supuestamente funcionando sin regulación) y equidad, es que el rol del estado cobra sentido en uno de sus múltiples aspectos como agente rector de la vida económica de un país.

Ahora bien, si el supuesto bajo el que actúa el estado es el de la conspiración permanente por parte de los privados quienes buscarían coludir para obtener ganancias por fuera de las normas y así romper este necesario equilibro entre mercado y estado, la figura de control y regulación se profundiza inexorablemente.

Estos controles, cuando se acrecientan, tienen un efecto nocivo similar al que genera la operatoria del sector privado por fuera de la ley para obtener ganancias extraordinarias, dado que si la intervención del estado se da de forma poco previsible e incremental, esto genera incertidumbre y por lo tanto desalienta las expectativas de ganancia que mueven parte de la inversión y brindan una porción del empleo.

Ahora bien, si consideramos la idea de la conspiración permanente, resulta difícil pensar que; para maximizar gananci as, la mejor estrategia sea la de generar un caos económico donde se destroce el valor de los activos, caigan el consumo y la producción, aumente la morosidad y se rompan los contratos.

Siempre existen actores concentrados que pueden obtener ganancia del caos, lo que parece difícil sostener seriamente, es que la mayoría de los que invierten y que son los mismos que lucran con el crecimiento de la economía, estén buscando la debacle solo por favorecer en interés de los fondos buitres.

Dicho esto, y considerando la relevancia extrema que tiene el rol del estado en la redistribución de la riqueza. Si lo que hay es mas tensión entre éste y el sector privado. Cuando antes que promover la inversión, se favorece la persecución (al menos declarativa), no queda claro cual será la riqueza que el mismo estado pueda distribuir en el futuro si lo que vemos es que se mueve en contra de la generación de la misma.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Para Diario Perfil - Por qué el blue está a $ 15



A lo largo de la semana que culmina la agenda económica volvió a tener al dólar entre sus titulares, pues llegó a cotizar en torno a los $ 16 y se instaló nuevamente el debate sobre lo sostenible del precio y cómo se forma el mismo.
Cierto es que hay datos que tienen que ver con la liquidación de divisas por parte de las cerealeras que ubican la tercera semana de septiembre como la segunda más baja en esa materia en lo que va de 2014, al tiempo que para esta altura del año pasado los productores aún tenían 13 millones de toneladas de soja por vender mientras que por estos días tienen 22 millones en su poder. ¿Por qué no venden?

La respuesta es simple, quien tiene mercadería para exportar, hoy retrasa esa decisión porque entiende que el dólar va a estar más “caro” mañana que hoy.

Esto claramente resta oferta de divisas y presiona sobre el valor del tipo de cambio.

Podríamos preguntarnos si existe algún nivel de coordinación entre los diferentes actores para no vender, transformando lo que sería una expectativa de devaluación en una acción concreta que busca la devaluación como resultado de sus actos.

Si bien puede parecer el juego del huevo o la gallina, no es un tema menor identificar qué está primero, ya que una cosa es actuar sobre las expectativas de los que ofrecen dólares y otra muy diferente es tomar medidas para desarmar un entramado donde los que tienen la cosecha actúan con un fin concreto y determinado presionando en su favor.

Pensar sobre estos temas nos invita a repasar la realidad de quienes poseen la cosecha, intentando comprender que no todos los actores son equivalentes en este caso. No es lo mismo el gran exportador que tiene espalda financiera, recursos técnicos y profesionales para estimar ganancias y pérdidas por dilatar la venta o no de su mercadería, que un productor que tiene la soja en una silobolsa y sabe que cuando vende le dan pesos, con los que tiene que arreglarse el resto del año, siendo que pierden su valor a una velocidad del 32% anual.

Este productor una vez que vende deja el dinero depositado en la sucursal del Banco Nación de su pueblo, no hace inversiones diversificadas en la Bolsa, no sabe cómo hacerlo y no le interesa. Mayormente abona sus deudas con cheque contra el saldo de su cuenta y vive con el resto. Si la cosecha y los precios fueron buenos, cambia la camioneta, invierte en el campo, manda a los hijos a estudiar a la ciudad, y si el resultado fue malo aguanta y siembra para la próxima campaña.

El productor no está pensando cómo hacerle daño a la Presidenta (recordemos que no es el único actor en este juego), de hecho, es productor porque ésa es su vida, es lo que sabe hacer.
Imaginar que esas personas están con sus computadoras evaluando la evolución del tipo de cambio, mirando las cotizaciones bursátiles de Argentina y el mundo, y coordinando cuándo intervenir en el mercado, no parece muy sensato. 
Suponer que hay un complot es además creer que ese complot tiene actores bastante tontos, porque estarían utilizando toda su sofisticación para actuar por estos días pero no se dieron cuenta de vender su mercadería en mayo, cuando la soja cuesta 200 dólares más por tonelada que hoy.

Por otro lado, si suponemos que existe la expectativa de devaluación como consecuencia de la coyuntura y no como su causa (aunque también influye presionando sobre el precio) deberíamos preguntarnos por qué.

Pues bien, quien vendía en abril no tenia la expectativa de suba del dólar oficial que tiene hoy. Dado que la devaluación de enero, que llevó la moneda estadounidense a $ 8, permitió recomponer la ecuación de costos del sector exportador, no se sostuvo pareja con los precios con el correr del tiempo. Desde ese momento hasta ahora el dólar oficial subió 5% y los precios lo hicieron aproximadamente 14-16%.

Pero por sobre todas las cosas, por aquel entonces Argentina buscaba un acercamiento a los mercados financieros, que la llevó a acordar en múltiples frentes, cerramos el conflicto de Repsol, y hasta salimos del default con el Club de París. Todas señales que indicaban la posibilidad concreta de acceder a financiamiento (es decir, ingreso de dólares) en el corto o mediano plazo. Con esa información disponible, quien decidió vender o no, lo hizo más bien pensando en el precio de su producto y si éste iba a subir o a bajar en el futuro que en el valor del dólar.

Luego, en junio, todo cambió; el 16 de aquel mes la corte suprema de los Estados Unidos decidió desestimar el caso de los fondos buitre confirmando el estrafalario fallo del juez Griesa y condenándonos a una injusta y costosa situación de incumplimiento parcial con nuestros acreedores. El resto es historia conocida. Desde aquí la respuesta fueron los tambores de guerra, y la posibilidad de acceder a fuentes de financiamiento quedó cada vez más lejos.

Esta coyuntura se constituyó en una señal bastante clara sobre el futuro cercano, íbamos a tener pocos dólares, y si lo que hay son muchos pesos circulando, es razonable que quien tiene que liquidar exportaciones tenga la expectativa de que el valor de 8,42 tiene mucho más de piso que de techo.

Al mismo tiempo, en el mercado ilegal el dólar llegó a valores que casi nadie cree que sean sostenibles en el corto plazo, pero que ya llevan más de una semana por encima de los 15 pesos. Aquí reaparecieron las acusaciones sobre conjuras de especuladores y organizaciones antiargentinas que funcionarían con el financiamiento buitre, en connivencia con empresas yanquis, cuyos operadores serían políticos, sindicalistas, periodistas y todo aquel que hable del dólar ilegal en cuanto a su precio.

Si bien es probable que haya interesados en causar más ruido en la economía del que ya tiene, lo cierto es que las cosas valen lo que la demanda está dispuesta a pagar por ellas. Si el precio del dólar fuera absolutamente artificial (lo que no quiere decir que no sea caro o que no pueda bajar sensiblemente en el futuro) la pregunta es por qué hace más de una semana que se pagan esos precios.

El hecho es que, a pesar de ser un mercado ilegal, lo rige la oferta y la demanda, y lo moviliza el fin de lucro, de este modo quien vende lo hará al máximo precio que el comprador esté dispuesto a pagar. Sucede que esto las autoridades lo conocen bien, ya que está en cualquier manual de economía básica; lo llamativo es que utilicen argumentos repetitivos e inconsistentes en lugar de buscar la forma de actuar sobre las causas, es decir la falta de dólares y el proceso inflacionario.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Para El Cronista - Cuando hay malas noticias, la culpa es de “El Otro”

Hace ya largos años, Tato Bores desplegaba su increíble capacidad para resumir en los pocos minutos que duraban sus monólogos una pintura casi perfecta de nuestra sociedad.
Previa a su partida hacia Roma, la Presidenta instaló una serie de acusaciones que colocaban a la Argentina como víctima de un plan de desestabilización, urdido por los fondos buitre, con el apoyo de empresas de origen estadounidense. Al mismo tiempo relataba una serie de puntos que aparentemente estarían claramente definidos, entre ellos se destacan el supuesto financiamiento que dichos fondos estarían prestando para recalentar el mercado del dólar ilegal, así como la compra de periodistas, políticos y sindicalistas que se encolumnarían de este modo entre las fuerzas del mal, que sólo tiene por objetivo generar el caos, mas allá del costo que para ellos mismos signifique que la Argentina pierda toda capacidad de pago de la sentencia judicial que obtuvieron oportunamente.
Este planteo nos coloca nuevamente ante un falso debate propuesto desde el gobierno ya que parte de suponer que la responsabilidad de los fracasos siempre está en otra parte, bien lejos de los despachos que generan las medidas de gobierno.
Aquí es donde Tato Bores cobra una vigencia inusitada. Su famoso monólogo conocido como ‘el otro’ narra una situación donde un grupo de personas se pregunta quién tiene la culpa de la situación actual, y comienza de esta manera una zaga desopilante en donde todos, de a uno a la vez, van responsabilizando a sus eternos rivales por la cruda realidad, así, desde ministros hasta maestros, desde radicales y peronistas hasta troskistas y fachistas, desde religiosos hasta agnósticos, todos culpan a alguien más, finalmente uno de ellos se da cuenta y dice:
–¡Paren la mano! Yo sé quién tiene la culpa de todo. ¡La culpa es de El Otro!
–¡El Otro siempre tiene la culpa! ¡Eso, eso! –Exclamaron a coro todos los presentes– El señor tiene razón: ¡La culpa de todo la tiene El Otro!
Dicho esto todo el mundo se quedó más tranquilo, y partieron a sus casas, ya era la hora de cenar y se hacía tarde. Lo importante se había conseguido, había aparecido el culpable, ‘¡El Otro!’ Eso si, el problema, aún seguía sin resolverse. Nada había cambiado pero todos habían encontrado al responsable de sus penas.
Algo similar parece estar sucediendo hoy en día, desde las más altas esferas de poder se busca en El Otro la responsabilidad del curso de los hechos que afectan a nuestro país cuando se trata de malas noticias.
Con solo tomar un poco de distancia de la vorágine diaria, y tratar de poner la situación en perspectiva, vemos que en esa estrategia desplegada por oficialistas (y también opositores) lo único que no se atacan son las causas, las cuales siguen presentes a lo largo de los últimos años, de modo que las consecuencias siguen siendo siempre las mismas.
Así, por más que veamos en el resto las culpas de nuestro destino, por más que supongamos que se cae el mundo y eso frena nuestra economía. Lo cierto es que los fríos números nos dicen otra cosa.
Mientras nuestras reservas caen, y nuestro peso se debilita, el horizonte presenta un cuadro donde la escases de divisas será la norma, la represión de importaciones junto con magros precios de la soja y la persistente imposibilidad de acceder al mercado financiero internacional, continuarán presionando sobre un tipo de cambio que, muy por encima de cualquier relato fantástico, se nutre, en su esencia, de la interacción entre oferta y la demanda y allí donde falta de la primera y sobra de la segunda el precio sólo tiene una dirección.
El resto solo se trata de hacer la cuenta, antes de querer contarnos un cuento.

lunes, 25 de agosto de 2014

Para el Cronista - Un invierno que termina caliente

El último mes del invierno comenzó con una ola de calor que no solo elevó la sensación térmica sino que parece haber tenido influencia en la temperatura del dólar.
Luego del anuncio por parte de la Presidenta en cuanto al envío del proyecto de ley denominado ‘pago soberano local de la deuda externa argentina’, el billete verde retomó su carrera ascendente para batir récord tras récord, tanto en su versión oficial como en el mercado ilegal.
La iniciativa representa la posibilidad de viabilizar un canal de pago cierto de las obligaciones próximas, garantizando el cobro por parte de los bonistas reestructurados que quieran y puedan participar de la propuesta, así como un claro mensaje en dirección a obturar aún mas la posibilidad de acuerdo para dar cumplimiento a la sentencia de los tribunales estadounidenses en materia de fondos buitres.
Los fundamentos del citado proyecto son explícitos en cuanto al cuestionamiento (válido desde el punto de vista de quien escribe) sobre el proceso y posterior fallo contra nuestro país en el litigio. Surge entonces una primera consideración y es que, si hasta ahora la retórica reinaba y la argumentación complementaria a la injusta decisión de Griesa era la limitación que impone el riesgo derivado de la famosa cláusula RUFO.
A partir del proyecto de ley, la línea discursiva se plasmó en voluntad política concreta. De aprobarse, involucraría nuevamente al parlamento en el caso que luego el gobierno quisiera optar cumplir la sentencia del juez neoyorquino.
Es decir, supongamos que la iniciativa se convierte en ley tal y como fue enviada al Congreso, en su capítulo tercero habilita la reapertura del canje en los términos del 2005 y 2010, la cual fuera reiteradamente rechazada por los buitres. Es mas, esta propuesta va mas allá y crea un fondo especial en el cual prevé destinar los pagos correspondientes aún si los holdouts no aceptan dicha oferta.
A partir de aquí, dar marcha atrás en enero de 2015, ya sin el riesgo de la cláusula RUFO, sería mucho más complicado que antes ya que hasta el anuncio de la Presidenta solo hubiera sido necesaria la autorización del Congreso. En cambio ahora dicha autorización implica modificar una ley que habrán votado solo un par de meses antes, con el costo político que ello implica.
Al mismo tiempo Griesa califica el proyecto de ‘ilegal’ en una nueva manifestación de exceso en sus atribuciones pero sobre todo insistiendo en no tender un puente de plata para permitir una derrota digna a la Argentina que por su parte se aleja cada vez más de la posibilidad de un acuerdo relativo al cumplimiento de la sentencia. De este modo nuestro país enfrenta hasta 2016 vencimientos que sumando Nación, provincias y empresas asciende a un monto parecido al de nuestras reservas actuales disponibles. El resto solo es cuestión de expectativas, si los potenciales compradores de dólares suponen que estos van a escasear, entonces tratarán de comprar cuanto antes, los importadores adelantarán sus operaciones y los exportadores las retrasarán, elevando aún más la presión sobre el dólar.
La interna del BCRA-Ministerio de Economía, tampoco ayuda y bajar las tasas de interés no parece del agrado del presidente del Banco Central, al menos si se observa lo que hizo hasta finales de julio.
El resultado es contundente si miramos cuánto valía un dólar a fines de 2007 en Argentina: rondaba los $ 3 mientras que en Brasil cotizaba cerca de 2 reales con 10 centavos. Este monto al día de hoy se acerca a 2,3 reales por dólar mientras que aquí, oficialmente, cotiza 8,4.
De hecho, sólo en 2014 el peso es una de las 3 monedas más devaluadas del mundo, podio que comparte con Ghana y Ucrania, y es sólo si tomamos la cotización oficial, ya que si tomamos el mercado ilegal, seríamos líderes absolutos en la materia.
Dicho esto, es claro que el camino elegido tiene consecuencias medibles y palpables diariamente, y es sólo la política la que debe buscar y encontrar la solución, que sea cual fuere, sería interesante que otorgue elementos novedosos ya que con las que estamos implementando repetidamente, frente a los mismos problemas, lo único que encontramos son resultados similares. Esperar otra cosa no tiene que ver con ser Anti K o Pro K, sino con tener un poco de sentido común, de ese que no abunda últimamente.

jueves, 14 de agosto de 2014

Para El Cronista - Dolarización y malos pronósticos en el escenario futuro

 billetera dolares


Las consecuencias de la probable escasez de divisas en la volatilidad del precio del dólar (en todas casi todas sus versiones) se hace cada vez más evidente.

La situación irregular que se vive de la mano de la imposibilidad de cumplir con nuestros compromisos de deuda, producto del estrafalario modo de aplicar la sentencia que tiene el juez Griesa, en los hechos nos deja fuera de toda posibilidad de conseguir financiamiento internacional a tasas razonables, se suma a la consolidación de precios de la soja muy por de debajo de lo esperado, cuando aun restan 25 millones de toneladas para liquidar.

El dirigente agrario Eduardo Buzzi estimó en u$s 4 mil millones la merma en el ingreso de divisas producto de esta caída en el precio de la oleaginosa. Situación que no parece que se vaya a revertir en el corto plazo dada la muy buena cosecha en Estados Unidos.

En criollo, a estos precios nadie quiere vender y más aun si empiezan a pensar que el dólar puede subir.

Dicho esto solo es cuestión de esperar que las matemáticas hagan el resto, es decir, no parece razonable suponer que el tipo de cambio ilegal podría sostenerse en los precios previos al 30 de julio, si la expectativa es que haya más pesos y menos dólares de aquí a fin de año.

Un camino podría ser sostener la tasa de interés como refugio alternativo de los pesos, pero el gobierno decidió hacer lo contrario y bajó la tasa para impulsar el consumo así como la inversión.

A partir de aquí es cuestión de ver hasta dónde el poder ejecutivo intenta combatir la suba del paralelo para evitar un recalentamiento de la divisa en momentos en que las herramientas que tendría para actuar –si esto sucede con la vehemencia de comienzos de año– son sustancialmente menores que en otros momentos de la gestión kirchnerista.

Sin embargo la cuestión fundamental que resta por saberse no es el valor del dólar ilegal, ni el ritmo de aumento del precio del dólar oficial hasta fin de año, sino hasta dónde la idea de no cumplir con el fallo de Griesa responde al supuesto del riesgo derivado de la cláusula RUFO y hasta dónde es una decisión política de no pagar a los buitres un solo dólar mas allá de lo ofrecido en 2005 y 2010 al 92% de los que ingresaron en el canje, aún mas allá de diciembre.

Si este fuera el caso poco importará lo que pase con el dólar de aquí a fin de año, ya que las consecuencias de no pagar en 2015 serían mucho más parecidas a las de un default tradicional, que no es lo que se vive hoy en la Argentina.

Es la política la que está al mando de la economía (como debe ser) pero eso no tiene que implicar necesariamente que haya que sostener que la retórica es más relevante que la práctica en el campo de las finanzas internacionales. Allí mandan los hechos, nos guste o no.

Todas las palabras que se podían decir han sido dichas y aún así en los mercados subsiste la esperanza que no mucho mas allá de enero de 2015 la situación terminará por regularizarse, sino no tendría sentido el camino recorrido previamente en donde terminamos por recibir la cordial palmada en la espalda del FMI por la buena letra en materia de reformulación de estadísticas respecto de la inflación y los sendos acuerdos con Repsol y el Club de Paris.

Sucede que hasta 2015 aun restan más de cuatro meses donde seguiremos caminando por el desfiladero económico. Esto no significa una crisis ni una catástrofe, pero claramente deberíamos caer en la cuenta que es muy difícil que la situación económica vaya a estar mejor luego de una mala noticia, como es la de la falta solución con los fondos buitre.