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viernes, 12 de julio de 2013

Para Diario Clarín, nota en la que participo - En Buenos Aires, ir al súper ya es más caro que en Nueva York, Londres y Madrid

Surge al relevar una misma canasta de 26 productos de consumo habitual. Comprarla acá demanda el 7,6% de un sueldo medio, cuando en las otras tres ciudades implica menos del 3% del ingreso.
La canasta porteña, por las nubes.






12/07/13

Está en sus genes. Orgullosa, Buenos Aires siempre quiso estar a la altura de las grandes ciudades del mundo desarrollado. Y aunque falte mucho para lograrlo, hay algo en lo que ya se parece a las pujantes metrópolis de Europa y Norteamérica: los altos precios de los supermercados. El problema es que los porteños, para afrontar esos valores del Primer Mundo, cuentan con salarios del subdesarrollo.

Y entonces, deben trabajar al menos el doble para llevar lo mismo.

Parece difícil de creer, pero ocurre: para una compra igual, los súper de Buenos Aires pueden resultar más caros que los de Madrid, Londres y Nueva York, y apenas más baratos que los de París. Lo comprobó Clarín al relevar los precios de 26 alimentos, bebidas y productos de tocador de consumo habitual en importantes cadenas minoristas de cada una de las ciudades, según los precios que publican en sus tiendas virtuales.

Al convertir los valores a pesos argentinos, tomando el cambio oficial del día, la conclusión fue que la misma mercadería que en Buenos Aires cuesta $ 399,08, hoy sale un 20% menos en Madrid, un 14% menos en Londres y un 0,8% menos en Nueva York.

Sólo París fue más cara, pero apenas un 5%.

Al comparar, una de las grandes sorpresas es que en Buenos Aires algunos productos cuestan hasta el triple que en el exterior. Diferencias que se dan incluso en marcas multinacionales con presencia en todas las ciudades. El pan blanco familiar Bimbo, por ejemplo, que vale $ 20,30 acá, se vende a $ 12 en Nueva York y a menos de $ 10 en Madrid. En Londres y en París, en tanto, hay panificados comparables a poco más de $ 7, precios inimaginables para un porteño.

Y no es el único caso.

A la hora de los snacks, una bolsa grande de papas Lay’s se consigue a $ 14 en Madrid y $ 18 en París y Nueva York, pero en Buenos Aires se vende a $ 30, con menos contenido. Y si las papas son congeladas en bastones, de marca Mc Cain, el paquete de un kilo cuesta $ 21 en un supermercado porteño, frente a $ 17 de España y Gran Bretaña, y sólo $ 13 de la capital francesa.

Además, cerca de la Estatua de la Libertad, la Coca Cola sale un 37% menos que a pocas cuadras del Obelisco, y el frasco clásico de Nescafé se consigue un 25% más barato. Para la botella grande de Pepsi, en tanto, los madrileños desembolsan un 41% menos que los $ 12 que abona un porteño, y los neoyorquinos la consiguen a poco menos de $ 9.

Si en cambio se compara el agua mineral de litro y medio, los parisinos llevan botellas de Evian sin gas a $ 4,22, y en Madrid pagan $ 2,95 por la Aquarel, de Nestlé. Esto es un 30% y un 51% más barato que los $ 6,09 que hoy abonan los porteños por un envase equivalente de la marca Villa del Sur.

En total, según lo relevado, Buenos Aires fue más cara que el resto de las ciudades en productos de almacén. Esta categoría incluyó 9 ítems –entre ellos pan, café, azúcar, harina de trigo, puré de papas deshidratado y huevos– y el costo total para los porteños fue 22% mayor en promedio.

La Ciudad también quedó como la más cara –casi un 30% en promedio– en los productos cárnicos, fiambres y congelados relevados, que incluyeron bocaditos prefritos de pollo, hamburguesas, jamón cocido y las papas bastón. Y también en aguas y gaseosas fue la más costosa, después de Londres.

Al contrario, Buenos Aires resultó la más barata en frutas y verdurascomo papa, cebolla, tomate, manzana y banana. En ese punto, las otras urbes fueron 38% más caras. Y tanto en lácteos (leche y yogur) como en productos de tocador (jabón y shampoo), los precios porteños quedaron en nivel medio.

Lo que queda claro es que, actualmente, los supermercados de Buenos Aires tienen precios similares a los de ciudades de países desarrollados, muchas consideradas “caras”. Pero, según estadísticas oficiales, el ingreso medio mensual por habitante en las urbes extranjeras –que va de unos $ 11.400 en Madrid a $ 15.000 en Londres– deja muy atrás a los $ 5.183 que percibe de media un vecino de la ciudad de Buenos Aires.

Así, los 26 productos relevados se llevan un 7,6% del ingreso medio de un porteño, pero sólo entre un 2,3% y un 2,9% de lo que se gana en las otras ciudades, por lo que hacer la misma compra tiene acá el doble y hasta el triple de impacto en la economía familiar.

Un punto importante es que, para los turistas argentinos, el tipo de cambio oficial puede ser inaccesible, porque el Gobierno entrega divisas en cuentagotas. Por eso, el economista Matías Tombolini aconsejó analizar los precios al el tipo de cambio “turista” (con 20% de recargo para las compras con tarjeta). Según calculó, eso hace a Buenos Aires “más barata que Nueva York y París y algo más barata que Londres, aunque sigue siendo más cara que Madrid”.

¿Por qué Argentina muestra valores tan altos? Según Gabriel Caamaño Gómez, economista jefe de la consultora Ledesma, las claves están en las bases del modelo económico. “Los números muestran los efectos negativos que tienen a largo plazo el atraso cambiario por la alta inflación, y la distorsión total de los precios que generan la inflación misma y las intervenciones directas sobre los precios, en forma de subsidios y controles”, explicó. “El gran fenómeno es la alta inflación –siguió–, que se debe a una gestión demasiado expansiva de la política fiscal y monetaria”.

“Con estos números –indicó Tombolini–, se observa que en las otras ciudades un trabajador puede comprar la canasta trabajando menos de una jornada. En Buenos Aires, en cambio, se necesitan dos jornadas completas de trabajo y el 30% de la tercera para acceder a los mismos bienes. Básicamente, el triple de esfuerzo ”.

viernes, 12 de abril de 2013

Les dejo un articulo que salió hoy en clarín y resume un relevamiento que realizamos en mi consultora.


12/04/13

Pagar en menos cuotas aumenta el impacto sobre el bolsillo familiar.
Es porque cada pago se lleva una parte mayor del sueldo. Y se pierde el “ahorro” de abonar sumas fijas frente a la inflación.


Entre las 24 cuotas sin interés que antes abundaban y las 12 que ahora dominan la compra de electrodomésticos, la diferencia es mucho más que un año de plazo. Para las familias, y en especial las de menores ingresos, significa la necesidad de hacer un mayor esfuerzo para comprar el mismo bien, o incluso la imposibilidad de hacerlo.
Y es que, al acortarse la duración del crédito, el bolsillo sufre un doble impacto. Primero, porque, al pagar en menos cuotas, cada una se lleva una parte mayor del sueldo. Segundo, porque se pierde parte del “ahorro” que implica abonar montos fijos con salarios que se van actualizando con la inflación.
Un estudio de la consultora Tombolini y Asociados, elaborado paraClarín, muestra cómo impacta el cambio analizando el caso de alguien que, con $ 6.000 de ingresos, compra una heladera de $ 3.145.
Según el planteo, pagarla al contado demandaría más de la mitad del sueldo en un único mes. Pero si paga con una “promo” de 24 cuotas sin interés, el impacto mensual cae a sólo el 2%: $ 118 por cada pago. ¿Qué pasa al bajar a 12 cuotas? El plan se hace menos accesible porque los primeros pagos ahora se llevan casi el 4% del salario.
Además, las 24 cuotas aprovechan mejor el “efecto inflación”. Según el estudio, si la compra se concreta en enero y el sueldo se actualiza un 20% cada año en mayo, el impacto mensual promedio sobre el sueldo baja a 3,5% para las 12 cuotas, y a sólo 1,6% para el plan de 24.
“La reducción en la cantidad de cuotas fijas de 24 a 12 impide que la gente se beneficie con los aumentos de salarios entre el mes 13 y el 24, e impacta más en los más pobres”, aseguró el economista Matías Tombolini, titular de la consultora. Y agregó: “ El cambio equivale a un aumento encubierto los precios ya que, en una deuda, lo importante no es el valor total, sino cuánto nos cuesta pagar cada cuota con el sueldo que percibimos”.

viernes, 12 de octubre de 2012

Los chicos ya son “consumidores maduros” e influyen en el gasto familiar - nota en la cual participe.


POR MARTÍN GROSZ

Según un estudio, sus opiniones pesan al comprar alimentos, tecnología o irse de vacaciones. Y son muy críticos porque están hiperinformados. Las empresas ahora apuntan directo a ellos.


El estribillo más temido taladra los oídos de los padres: “Comprame, comprame, comprame”. Consumistas, insistentes y demandantes, los chicos de entre 8 y 12 años, conocidos comotweens , lo quieren todo y lo quieren ya. Reclaman, negocian y, en general, triunfan. ¿Cómo es posible? Según expertos consultados por Clarín , así como la adolescencia se adelantó unos años, hoy los chicos también “maduran” antes como consumidores. Y aunque sigan pensando como niños, su gran conocimiento sobre productos y tendencias, potenciado por Internet, hace que ganen peso en las decisiones de compra familiares, incluso en rubros como alimentos, vacaciones y tecnología. Algo que, a la vez, los hace audiencias atractivas para el marketing.
“Si bien en lo psicológico están en plena infancia, el nivel de información que manejan hace que sean más ‘maduros’ como consumidores. Son muy consumistas, pero también muy lúcidos con las promesas de las marcas y las dinámicas de consumo. Son mucho más independientes, informados y demandantes”, explicó Ximena Díaz Alarcón, directora de la consultora de tendencias Trendsity.
“Son más tenidos en cuenta, tienen mayor poder de decisión y se manejan más fácilmente en el mundo económico. Como consumidores, son más maduros”, coincidió Mónica La Madrid, investigadora del consumo infantil. Según ella, esto se debe a un cambio cultural iniciado en los 90, cuando los chicos “se convirtieron directamente en consumidores”.
La clave parece estar en el tiempo que los tweens pasan frente a cada vez más pantallas, absorbiendo datos sobre productos. A esto se suma –apuntaron en Trendsity– su gran interés por las tendencias y que hoy la autoridad de los padres es más consensuada. Como resultado, los chicos ganaron voz y voto en las decisiones de compra.
Esta influencia tiene nombre. Se la conoce como pester o nagging power : el poder de los chicos de “insistir”, “molestar” y “acosar” hasta que les compren lo que desean. Estrategias que pueden incluir mostrarse ofendidos ante los límites, llorar a los gritos, apelar a la culpa y tratar de negociar.
¿Cuánto influyen en las decisiones de compra? El estudio Kiddo’s 2011/12 reveló que, en productos para ellos, tienen gran peso. En ropa, los padres consideran sus preferencias en un 72% de los casos, y en otro 24% la decisión es sólo del niño, algo que en juguetes trepa al 50%. Pero la investigación también mostró influencia en rubros no infantiles. El 64% de los padres, por ejemplo, admitió su incidencia al elegir alimentos, en especial cuando los chicos están presentes al comprar. La opinión infantil también se considera al decidir gastos de vacaciones (19%), celulares (11%), televisores (9%), computadoras (7%) y autos (2%).
“Influyen en categorías infantiles, pero también en snacks, alimentos, bebidas, productos de cuidado personal, y en salidas, películas y programas de fin de semana”, enumeró Mariela Mociulsky, de Trendsity. Por eso las empresas de consumo masivo “tienen cada vez más en cuenta” a los chicos en sus acciones y propuestas, por ejemplo, incluyendo personajes en los envases (ver El caso...).
Así, los productos y mensajes para los chicos se amplían y sofistican. Ejemplos sobran: desde días de spa para niñas hasta servicios para convertir los cumpleaños infantiles en grandes shows. “Los chicos cambian de objeto de deseo todo el tiempo. Y el mercado, al tratarlos como adultos, se aprovecha de eso para estimular el consumo”, interpretó Lidia Gilgun, experta en adolescentes de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.
Matías Tombolini, economista que investigó sobre niños y consumo, cree que “un chico de 9 años ya es un consumidor maduro” y que se vive en una situación de “hiperconsumo” por culpa de las empresas y de “padres dominados por la culpa y el inmediatismo”. “Juguetes, ropa y zapatillas –aseguró– pasan a ser objetos para acumular y ostentar, antes que medios para satisfacer necesidades. Eso confunde el verdadero significado que las cosas deberían tener para los chicos”.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Para Clarín - Sociedad

¿Cómo ves el nivel de consumo de los chicos de hoy?
El nivel de consumo de los chicos hoy es muy elevado en los estratos sociales medio y medio alto y alto, siendo escaso en los niveles mas bajos.
Lo cierto es que en los niveles bajos esta diferencia en la capacidad de acceder al consumo sienta las bases de un sentimiento de carencia que se pone de relieve con más crudeza que antes ya que desde temprana edad los niños/as ven como sus pares acceden a niveles de consumo que a ellos/as les es esquivo. 
Si miramos las clases medias, medias altas y altas se observa que los chicos desde los 2 años han pasado de ser sujetos pasivos de las políticas comerciales de las empresas a constituir un mercado en si mismo. El avance de cierto marketing infantil se tornó posible fundamentalmente a partir del aumento geométrico de la oferta de contenidos televisivos y digitales así como también de medios gráficos. 
Esto ocurrió en paralelo con un aumento en la cantidad y variedad de productos que se ofrecen desde en lugares tradicionales como las jugueterías hasta nuevos ámbitos como los restaurantes, recordemos lo que dice una vieja ley de la economía: la oferta crea su propia demanda. Esta no fue la excepción. 
Los niños en la actualidad sólo responden al conjunto de estímulos al que se ven sometidos y toda vez que no disponen de medios materiales para satisfacer sus nuevas “necesidades”, su demanda de productos se da en dos planos, primero quieren la cosa en sí y luego demandan a su entorno familiar para que se los provea. 
¿Por qué son tan exigentes y demandantes?
La exigencia de los chicos se basa en una sensación de carencia que se genera a partir de dos niveles. El primero es el que surge desde las empresas que pujan por vender mas y que tienen estrategias publicitarias cada vez mas sofisticadas, generando necesidades allí donde hace años no existían. El segundo tiene que ver con el tipo de rol que jugamos los padres. Y aquí es donde sucede que muy a menudo se da cierta mercantilización del vinculo, supliendo el tiempo de atención que los padres deben dedicar a la relación con sus hijos/as a cambio de todo tipo de regalos que generan un determinado patrón de intercambio familiar en donde los chicos reclaman cosas como forma de pedir atención y los padres le dan cosas como manera de suplir el tiempo y cubrir la culpa. 
 
¿Por qué los padres ceden o incluso propician semejante nivel de consumo?
Justamente porque es mas fácil poner la relación en clave de te doy o te quito, de caro y barato que de presencia concreta. 
Alli donde los chicos comparten tiempo con sus padres y donde se recompone el vinculo entre el juguete y el juego, es donde merma el reclamos de las cosas y aparece lugar para el reclamos de afecto. 
Hay cierto sentido fetichista en la híper abundancia donde los niños/as no saben ni lo que tienen, porque no le asignan valor ya que el valor esta dado en recibir la cosa y que los padres la entreguen y no en para que sirve ese juguete y como juego con él.
Es decir, termina siendo más cómodo y menos comprometido regalar un chiche nuevo que sentarnos a jugar a las muñecas y recrear un espacio con nuestros hijos. Espacio que muchas veces ocupa la tele. 
 
¿Por qué los chicos consumen tan rápido cosas de adultos?
Esto es simplemente el resultado una estrategia. Es decir, antes empezábamos a vincularnos con cierto tipo de consumo en la adolescencia, y desde allí madurábamos como consumidores. Hoy con chicos que tienen acceso a juguetes altamente sofisticados a los 3 años, es razonable pensar que a los 9 años son consumidores maduros que buscan acceder al bienes que antes solo consumían los adultos. De hecho es habitual que veamos como los chicos de esa edad conocen características de los productos que nosotros desconocemos por completo. 
 
¿Consejos para cambiar?
 
Desde mi punto de vista lo mejor que podemos hacer es recrear el vinculo con nuestros hijos a partir de jugar con los chicos/as y prestarles atención sólo a ellos durante un periodo de tiempo determinado. 
Es decir, dejar lejos celulares, apagar la tele y sentarnos en su cuarto a jugar a los autitos, las muñecas o cualquier cosas. No hace falta estar 2 horas, simplemente con estar 15 minutos prestándoles TODA nuestra atención, podemos ayudar a reconfigurar el sentido de los bienes, que deben ser entendidos como un medio y no como un fin en si mismo, al menos a esa edad. 
Al final de cuentas se trata de ayudar a que nuestros hijos aprendan que los juguetes sirven para jugar y no para acumular. Sino vamos a terminar teniendo chicos que son dueños de una juguetería domestica que solo sirve para pedir el próximo juguete de moda, antes que criaturas que disfrutan de las cosas usándolas que para eso es que se supone que han sido concebidas, o no?

Link a la nota en Clarín "Los 5 "errores" más comunes que cometen los padres" por Mariana Iglesias.
http://www.clarin.com/sociedad/errores-comunes-cometen-padres-hoy_0_598740170.html

viernes, 25 de noviembre de 2011

El Dolar

Para hablar del dólar hay que comenzar recordando que dicha moneda cumple en nuestro país un rol muy diferente que para el resto del mundo.

Junto con Rusia (y desde ya Estado Unidos), Argentina tiene una de las economías con más alto nivel de dolarización de sus carteras de activos del mundo entero. 

Los argentinos, pensamos en dólares, ese es un dato de la realidad. Esto además es claramente inescindible de la memoria inflacionaria que tenemos como sociedad. Es decir, resulta evidente que pensemos en dólares como forma natural de preservar el valor de nuestros ahorros. , toda vez que una vez cada 10 años nuestra moneda nacional se ha visto sumida en profundas crisis.

No se trata aquí de cómo “hacer una diferencia”  comprando barato para vender caro.  La clase media argentina tiene un comportamiento absolutamente esperable. Cuando la inflación arrecia y las tasas de interés reales están por el piso y el dólar esta planchado, ¿qué es lo que vemos en la clase media? El consumo de los bienes durables y semi durables se va a las nubes.  La gente se vuelca a comprar heladeras, notebook, LCD´S y autos.  Es decir, el ciudadano de a pie, compra cosas cuyo precio cree que va  a aumentar significativamente durante el período en el cual consumimos el activo en cuestión.

Ahora  bien, en el momento en el que la gente observa que el dólar esta muy “barato” y que la probabilidad que suba es alta, sumado a que se agota una primer ola de consumo de bienes durables (es decir, si ya compramos el LCD, la computadora , la heladera, el auto, etc., es razonable que, en promedio, esperamos un poco para reponer dichas unidades) el ciudadano común supone que es momento de dolarizar su cartera, sus ahorros, porque es posible que el dólar recupero un poco del terreno perdido frente a la inflación.

Argentina ha tenido un ritmo de devaluación de su moneda muy inferior a su tasa de inflación y, por lo tanto, una elevada inflación no sólo en pesos sino también en dólares. Veamos un ejemplo, si durante 2010 la variación de precios fue de 25% y la devaluación sólo del 6%, de modo simplificado podemos decir que la inflación en dólares fue de 19% (25-6=19).

Esta inflación en dólares generó una cierta perdida de competitividad absoluta. Eso en si mismo no significa nada; ya que, para ser serios, debemos ver cómo se mueve nuestra competitividad en términos relativos, es decir, en relación a los socios comerciales con quienes tenemos mayor nivel de intercambio comercial.

Si consideramos a Brasil y China, aquí la cosa cambia, y podemos ver que, si bien, el tipo de cambio multilateral se fue apreciando, aun este año durante el primer semestre.

De modo que lo que deberíamos tratar de hacer es:
  • No fomentar una devaluación profunda ni tampoco permitir que tengamos una moneda demasiado fuerte, sino tener una política de tipo de cambio administrado que proteja la competitividad de nuestro tipo de cambio multilateral, observando la evolución, no solo del valor del dólar (en el mundo) sino del Real y el Euro entre otros.
Es decir, es un error sostener contra viento y marea el tipo de cambio si Brasil sigue devaluando al ritmo que lo hizo en los últimos 90 días. Como así también es un error devaluar si vemos que dichas monedas, por el contrario, se revalúan frente al dólar, como sucedió con el Real frente durante 2010.
  • Es una medida positiva intervenir en el mercado de cambio obligando a mineras y petroleras a liquidar divisas en el país.
  • Es un error poner la lupa sobre la gente común con inspectores en la calle, eso no frena la demanda,mas bien incentivan las preocupaciones  y el mercado paralelo.
  • Hay que promover la inversión en el país, de todo el mundo, tanto de compatriotas como de empresas extranjeras.

Por otra parte hay ciertos sectores que suponen que limitando la posibilidad de invertir  en el país, y que con eso se logra algo. Cuando ese es un concepto no se usa hace 30 años ni en Cuba.

Pensemos que si en Argentina falta inversión es, fundamentalmente, porque como sociedad hemos elegido tener en el “colchón” el equivalente al valor aproximado de un PBI entero en lugar de invertir o ahorra dentro de nuestras fronteras.

Tal la situaciónque para que  la economía crezca, alguien tiene que invertir sino no se genera empleo. Eso no tiene porque implicar subordinarse al poder imperial como suponen algunos que sufren cierto infantilismo, y para eso podemos ver que Brasil es el país de  la región que mas IED recibe y no baja ninguna bandera por eso.

Es cierto que hay un alto grado de extranjerización de la economía, pero eso no se resuelve poniendo una pistola en la cabeza de los no residentes con intereses en empresas argentinas sino PROMOVIENDO LA INVERSION NACIONAL; por ejemplo, con un banco de desarrollo que sigue siendo una  materia pendiente todos los gobiernos  o interviniendo con créditos y acciones concretas con el fin de facilitar la expansión de grupos económicos nacionales en lugar de ver como se vendieron baluartes del capitalismo nacional durante la ultima década.

Argentina tiene por delante una década más de precios relativos favorables, mientras la población mundial siga en crecimiento, y dicha expansión provenga de países con economías que crecen y seres humanos que incrementan la cantidad y diversidad de calorías que consumen.

Los productos que Argentina le vende al mundo tendrán precios tales que permiten asegurar un flujo de divisas que nos mantengan, relativamente, cubiertos de las crisis del pasado.

Claro que esto no nos exime de atravesar recesiones y su correspondiente impacto en el nivel de empleo. Es por esto que Argentina debe tener un tipo de cambio acorde con el sostenimiento del superávit de su balanza comercial, una política económica tendiente a reducir la tasa de inflación y de emisión monetaria, una política que profundice el rumbo en cuanto aladecisión de carácter macroeconómico, una política industrial que tienda a aumentar la oferta de bienes, una política de inversión publica que haga énfasis en la expansión de la dotación de infraestructura productiva lo cuálredundaría en el desarrollo de una burguesía nacional y que piense en moneda local antes que en dólares a la hora de invertir y del mismo modo una sociedad cuyas clases medias vean en el peso la reserva de valor que no hoy encuentran.